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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine, música y series. El cine es el primer arte, nunca el séptimo.

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 15
    Septiembre
    2014

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    'Boyhood' - La Vida

     

    Hay películas que, por encima de todo, se sienten. Puede sonar a frase almibarada, pedante o cursi pero, en casos como el de 'Boyhood', es complicado definirlo de otro modo. Cada persona verá, entenderá, vivirá la última película de Richard Linklater de un modo distinto, personal e intransferible. Lo que aquí se cuenta es el paso del tiempo, el incendio interior que se produce tras cada fase vital convertida en cenizas, el crecimiento dentro de la visión de un niño a lo largo de doce años, quizás, la etapa más importante de toda una vida. El plano de apertura, ese cielo azul inmenso, observado con la calma total de un niño de ocho años, es el inicio de una historia tan épica, normal, absurda, triste, divertida, encantadora y extraña como todo camino que comienza en la niñez y termina en la adolescencia, antesala de un mundo adulto que aparece casi sin avisar. Mismas incógnitas, distinta mirada. Misma hoja en blanco, distintos colores. Misma persona. Y distinta. Experimento cinematográfico convertido, a través de la sencillez y naturalidad más pura, en acontecimiento histórico por lo excepcional del caso, su rodaje a lo largo de doce años con los mismos actores, 'Boyhood' supone un paso más allá dentro de la historia del cine por ser algo diferente a todo lo visto hasta la fecha y por conseguir despertar sensaciones tan auténticas como las que, a priori, solamente pueden surgir fuera de una sala de cine, en el día a día, a nuestro alrededor. 

     

    Linklater, responsable de una carrera tan atípica como notable, ya jugó con el tiempo y sus consecuencias, heridas y cicatrices incluidas, en esa trilogía imprescindible que va de 'Antes del amanecer' a 'Antes del anochecer', pero aquí va un paso más allá, precisamente, simplificando aún más la trama. O engrandeciéndola. Porque su punto de partida puede parecer muy sencillo, doce años en la vida de un ser humano, pero a medida que la película avanza y con ella la coherencia del relato, el modo en el que se va moldeando la forma de ser de su protagonista y se observa el peso del pasado en cada avance, uno se encuenta conmovido, emocionado, al verse reflejado en muchos, pocos, todos o alguno de los detalles que van construyendo la esencia de la historia. Ya se sabe, la realidad siempre supera a la ficción y, en este caso, la fina línea que las separa, casi invisible, supone un extra de delicadeza genuina. 

     

    Con un reparto entregado a la causa en el que destaca una Patricia Arquette que protagoniza una especie de película paralela igualmente extraordinaria, 'Boyhood' va más allá de su concepto y alcanza cotas de cine excelso, sensibilidad arrolladora, costumbrismo que eriza la piel. Linklater ha conseguido convertir una acampada, un cumpleaños, un noviazgo de instituto, un disco recopilatorio o una fotografía en pequeñas dosis de poesía cinematográfica de incalculable valor. Pasan los años, crecen sus personajes y con ellos una película que termina convirtiendo la experiencia de ver una película en un acto único, un viaje a través de recuerdos ajenos que terminan descubriéndose como los nuestros. Porque 'Boyhood' no habla sobre la vida, ES la vida. No habla sobre el paso del tiempo, te lo muestra en toda su abrumadora inmensidad. Da vértido y, por momentos, es desolador. De la sonrisa cómplice a la lágrima de impotencia, de la sensación de libertad total a la prisión de la rutina, de la sensación de ir creciendo paso a paso a la rabia de que no haya nada más que eso, el salto de etapa en etapa sin mayor recompensa. 'Boyhood' baraja todas las opciones, lo cuenta todo. Te lo cuenta. Me lo cuenta. Nos lo cuenta. Una película diferente para cada persona. Una obra maestra única e irrepetible para el cine. 

     

     

     

     

     

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