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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine, música y series. El cine es el primer arte, nunca el séptimo.

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 16
    Diciembre
    2013

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    '12 años de esclavitud' - Coro de ángeles

     

    Un hombre ahorcado, a punto de morir asfixiado, con sus pies rozando el barro de una tierra hecha de sangre, lágrimas y lluvia, observa el infinito con la mirada perdida. Al fondo, mientras tanto, un conjunto de esclavos continúan sus tareas, limpian los platos, recogen la suciedad, se preparan para otra jornada en el campo de algodón. Unos niños corretean y juegan entre risas. Miran a otro lado. Conviven con el horror. Son conscientes de que acercarse a ese hombre puede conllevar un castigo inmediato. Otro latigazo. Otras mil cicatrices. Esa escena, sin necesidad de apoyo musical, con un silencio aterrador como única banda sonora, condensa todas las virtudes de '12 años de esclavitud'. La poesía y el miedo, la crudeza y la belleza, el horror y el cine.Y es que, la tercera película de ese señor llamado Steve McQueen al que también podemos empezar a llamar genio, tiene cantidades de gran cine pero, también, de cine relevante, que deja poso.

    La biografía real de Solomon Northup podría haber caído, con indiscutible facilidad, en el terreno lacrimógeno y épico que este tipo de historias ofrecen en cada giro de guión pero, afortunadamente, McQueen, tras la notable 'Hunger' y la excelsa 'Shame', esquiva las trampas y nos pone el nudo en la garganta a través de la conmoción. Su película te agarra, te zarandea, te golpea y, finalmente, te conmueve sin artificios, sin grandes discursos, simplemente poniendo la cámara en la espalda castigada de los esclavos, despertando la incomprensión absoluta ante uno de los sucesos más terroríficos de nuestra humanidad, convirtiendo una plantación, un granero, un bosque, en un campo de concentración donde los atardeceres bucólicos esconden el horror más terrenal. En lo formal, con una preciosa banda sonora firmada por Hans Zimmer y una espectacular fotografía de Sean Bobbitt, '12 años de esclavitud' está narrada con elegancia, contundencia, pulso firme y nivel visual de primer orden. Clasicismo cinematográfico al servicio de una historia humana que nos muestra la esclavitud como nunca antes se había hecho. 

    En un reparto de altura en el que brillan con especial intensidad el maravilloso Chiwetel Ejiofor y un despiadado y apabullante (otra vez) Michael Fassbender, se eleva la mirada de Lupita Nyong'o, un descubrimiento de actriz que protagoniza otra de las grandes escenas de una película repleta de ellas. Una mirada repleta de belleza y tristeza. De dolor e incomprensión. De esperanza y resignación. Sensaciones que se elevan al infinito en un entierro celebrado con las últimas luces del atardecer, donde un grupo de esclavos despiden a uno de los suyos, entonando 'Roll Jordan Roll', canto de gospel donde parecen depositar las pocas fuerzas que les quedan. En sus voces, emocionadas, rabiosas, conmovedoras, se esconde el secreto de '12 años de esclavitud'. En el peor de los infiernos también se puede escuchar a un coro de ángeles. Una lección que solamente puede dar el gran cine. Y el importante. 

     

     

     

     

     

     

     

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