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Blog Oigo visiones - Nacho Tornel

Nacho Tornel

Como concejal del Ayuntamiento de Murcia por Izquierda Unida- Verdes intentaré seguir el propósito que siempre me ha movido: estar al servicio de un mundo un poco mejor. A veces para solucionar problemas y otras para crearlos, porque las dificultades pueden ser buenas si nos hacen despertar. Pondré ...

Sobre este blog de Sociedad

Espacio para reflexiones políticas sobre la actualidad en la ciudad de Murcia desde una perspectiva de Izquierda.


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  • 31
    Agosto
    2012

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    Escuchar a Gordillo

    Ayer, cuando llegaba a casa dispuesto a poner la mesa para mis hijos me encontré de nuevo con la escena cotidiana desde hace unos años. Acabado el mercado semanal, alrededor de un montón de verduras arrojadas al suelo por los comerciantes, un grupo de personas se afanaba en seleccionar lo que quedara de consumible para echarlo a la bolsa. Algunos pueden calmarse: no, no todas eran inmigrantes, pueden dejar de salivar. Es más, cuando se marchaban unos venían otros, y todos conseguían algo.

    Cualquier ser humano, de cualquier jaez , debe o debería pararse a pensar ante esta escena. Lo que le pase por dentro pertenece al ámbito estrictamente íntimo. En el mundo de la imagen al que estamos sometidos, entiendo que este tipo de situaciones no hacen daño, no molestan, se asumen con una frialdad pasmosa. Un señor joven, de aspecto formal, agachado rebuscando entre restos de verduras no nos parece materia para reflexionar. Una señora anciana, encogida, con ropa de antes de la guerra, a lo más nos hace mirar de reojo.

    Las colas de ciudadanos desamparados acudiendo a Cáritas u otras asociaciones a pedir un mínimo sustento tampoco hieren. Que estas entidades lleven mucho tiempo declarándose incapaces de asistir a tanto desasistido no ha desatado alarma alguna. El estado de tensión al que estamos todos expuestos es una bicoca para los gestores de nuestra miseria, por lo que no harán nada por resolverlo. Las colas de hambrientos, lamentablemente, no hacen ruido.

    Para eso está la imagen. Nos bombardean todo el verano con la imagen de un alcalde insurrecto que asalta supermercados. De lo que dice sabemos poco. Rara vez se le ofrece un micrófono para que se le escuche, se le conozca y se le interprete según cada cual considere. Es peor, cuando ha tenido ocasión ha demostrado una serenidad y una sensatez con la que no contaban ni los poderosos ni sus paniaguados.

    Asaltar un montón de verdura abandonada en el suelo no escandaliza. Las cámaras no suelen estar ahí para enfocar. Los gestores de la miseria de los demás no envían a los medios de comunicación a estas escenas porque hay que evitar cualquier posibilidad de estremecimiento. Por el contrario, tenemos muchas fotos de miembros del SAT recogiendo alimentos en buen estado para entregarlos a quienes engrosan las filas del hambre, a modo de acción simbólica porque el hambre permanecerá tras esa acción.

    La gran diferencia es que la sumisión a recoger del suelo los restos no le revuelve las tripas a nadie ni le hace volver la mirada hacia los culpables de tal humillación, mientras que la dignidad reivindicada hace salir de nuestras bocas al imbécil que todos llevamos dentro.

    Hasta ese punto nos han educado.

     

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