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Mirada Exterior
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  • 04
    Octubre
    2012

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    Aquí sí hay campaña

     

    Mitt  Romney sacó las uñas y arañó la victoria en Denver.  En el primer debate electoral celebrado anoche –hora española-entre el presidente Obama y su oponente republicano hubo sorpresa para ambos bandos. A una servidora los  gestos de Obama le recordaron a una tía abuela muy aguda ella. Cuando pasaba al lado de su casa conminaba  a caminar con la cabeza recta. “No se mira al suelo”. Seguramente  anoche le habría dicho lo mismo al mandatario demócrata : “Suba la cabeza, no tome tantas notas y abra bien los ojos, lo que tiene delante es un rival con muchos argumentos y agallas de sobra”.

     Obama ha cambiado a golpe de sesiones en el despacho oval.  Su dialéctica ha perdido  fuelle y aún así, ese magnético poder de convicción que le llevó a vencer en 2008 sigue siendo su gran baza. El problema es que todo en Obama gira alrededor de Obama.  Resulta algo cansado.  En el debate quedó claro que le costará reactivar la “esperanza” y el “Yes we can”,  lemas  casi históricos ante los que se imponen realidades del estilo de “ tenemos  muchos problemas y no nos ha dado tiempo de resolverlos todos”. La queja y la disculpa no venden. Por algo los estrategas  aconsejan a los políticos no poner nada negativo en sus páginas de internet.    

     El candidato mormón, una especie de Amancio Ortega a la americana, que se pasó dos años de su vida haciendo proselitismo puerta a puerta en Francia,  conoce bien Europa. No habla de oídas. Lleva años diciendo que subir los impuestos no crea riqueza. Su discurso no es nuevo. La alusión  a España como ejemplo de lo que no debe hacerse puede ser mas o menos afortunado, pero lo cierto es que las verdades  siempre duelen.

     En cualquier caso a los americanos las pataletas ideológicas les traen sin cuidado. Votan con la cabeza, no con el corazón. Las siglas al uso europeo les suenan a sánscrito.  El bolsillo manda. Y el de los votantes estadounidenses  anda esquilmado por las subidas de tasas del actual gobierno. El empleo tampoco acaba de recuperarse. Los sectores a los que Obama fio el milagro –aquellos puestos de trabajo verdes de las empresas de energía renovable- siguen tan difusos como en 2008. Eso sí. Las  compañías  implicadas han engordado sus cuentas a costa de ayudas públicas, procedentes de los impuestos federales. La gasolina se ha encarecido un 105% en estados como Michigan y las cosas no van bien con los países árabes.  Sin petróleo barato, con tasas de paro que bajan pero que aún superan el 8 por ciento, más del 60% de la población contra la reforma sanitaria , el “Obamacare”, y una pérdida progresiva de protagonismo en el mundo, a pesar de esa cruzada contra el euro, capitaneada por algunos periódicos,  que no acaban de ganar. Obama tiene hoy la reelección más cuesta arriba que ayer.

     El equipo demócrata se ha apresurado a pescar entre los jóvenes y las minorías. El presidente anunció  ayer que dejará de hacer autopistas para los suburbios – áreas residenciales en las que viven las clases medias- para centrar las inversiones federales en los “Neighborhoods” ,  vecindarios donde habita gente pobre , muchos de ellos negros, nada que ver con el lujoso barrio de Chicago donde los Obama tienen su casa familiar. Nada que objetar. La compraron con el fruto de su talento, mucho antes de la presidencia. Lo contrario a lo que sucede en esa España poco ejemplar. El caso es que el término no ha sido inocente. Nada lo fue anoche.  Nada lo es nunca en la política americana. Ni el más leve gesto. Aquí, sí hay campaña, ya lo creo…y nervios de punta en ambas filas.

     

     

     

     

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