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  • 09
    Octubre
    2010

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    Una especie sin instintos

    Vuelvo de París con una maleta repleta de libros –aprendo a viajar con la maleta vacía, para regresar con la expectativa de su lectura compensándome por la vuelta –. Entre ellos, quiero comentar hoy Le conflit, la femme et la mére.[i].

    Nos encontramos ante unas tesis que están librando una intensa batalla en Francia, y que hace unas semanas empiezan a ser comentadas en nuestro país (he leído artículos de Carmen Posadas y Celia Amorós) , a pesar de que no me consta que aún contemos con la traducción al español del texto.

    Elisabeth Badinter, conocida ensayista e historiadora francesa, publicó hace 30 años un libro igualmente controvertido: L´amour en plus, cuya traducción fue entonces: ¿Existe el instinto maternal?, en el que analizaba el mito del amor materno como una construcción social, histórica y culturalmente determinada, analizando el discurso y el comportamiento maternal en Francia a lo largo del siglo XVII al siglo XX, mediante una investigación socio-histórica que confirma esta tesis.

    Treinta años después la pensadora vuelve al tema del amor materno para confrontarse con las nuevas tendencias naturalistas que la extensión de La liga de la leche, que postula una lactancia materna hasta los tres años de vida del niño, ha difundido entre las madres, con la complicidad de una literatura pediátrica muy activa.

    El bebé, dice Badinter, se hace así aliado del patriarcado para hacer regresar a las mujeres a sus hogares, al ser colocado por encima de las madres, que son juzgadas como antinaturales si mantienen deseos profesionales o de cualquier otro tipo por encima de él.

    Estas exigencias extremas alejan a muchas jóvenes de la maternidad. El libro, escrito en un lenguaje claro, defiende la necesidad de que las mujeres puedan acercarse a la maternidad de modos diferentes, articulando sus deseos según sus propios criterios, sin sentirse culpables de ellos.

    Es imposible definir un comportamiento natural propio de la especie humana, defiende, y por tanto, es cada mujer quien debe integrar la función materna con los demás aspectos de su vida.

    El mito del amor maternal es uno de los últimos amparos que nos quedan, de ahí que las voces en contra de este desvelamiento se multipliquen.

    Hacia el final del ensayo, Badinter apunta una solución a la caída de la natalidad en los países desarrollados, analizando la constancia de la tasa francesa, 2,1 hijos por mujer en edad reproductiva. La clave, señala la autora, está en la peculiar concepción maternal de la cultura francesa desde el siglo XVII. Las mujeres francesas establecen vínculos más distantes con sus hijos, y mantienen sus lazos sociales, su trabajo, su vida erótica, porque su cultura así lo ha preservado desde siglos atrás. Menos exigidas que las madres de otros países, las jóvenes francesas no temen tener hijos, concluye, poniendo el dedo sobre la llaga del rechazo creciente de la maternidad (29% para las alemanas) que alarma a los gobiernos.

    En resumen, un libro lleno de cuestiones para pensar, de reflexiones para debatir, de conversaciones, si es que nos encontrásemos en una geografía donde el debate y la discusión interesasen a alguien.

     

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