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  • 03
    Diciembre
    2014

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    ¿Tiene género el alma?

    ClariceEn la Introducción de la primera novela de Clarice Lispector, Cerca del corazón salvaje, el traductor y crítico literario Basilio Losada, utiliza para comentar la obra de la autora las siguientes expresiones: Alma femenina (o de mujer) ….. cuatro veces Literatura de mujer………………..  dos veces Espíritu de mujer…………………… una vez Mirada de mujer…………………….  una vez Todo ello en cuatro páginas escasas. Además, el crítico señala que los hombres apenas aparecen en la obra Lispector, ni se establecen sobre ellos “juicios tácitos ni expresos”. De modo que, cito: “quizá solo pueda ser comprendida enteramente desde una perspectiva que escapa a la mentalidad masculina”. Si recojo aquí este pormenor es, obviamente, porque me ha impactado la reiteración de Losada en particularizar en un solo género la comprensión y el alcance del texto lispectoriano. Jamás, créanme, en ningún prólogo de Kafka (autor con el que se compara a Clarice, y que cita Basilio Losada), James Joyce (otro tanto), o ninguno de los escritores preocupados igualmente por las percepciones y las emociones, y por recogerlas minuciosamente tal y como era el empeño de la autora brasileña, he leído que se trate de una literatura masculina, que expresa el alma de los hombres, pletórica de un espíritu y una mirada masculina que quizá no pueda ser comprendida enteramente más que por los varones. Nunca. Estoy segura que ustedes tampoco. Y no lo hemos leído porque, como no deja de señalar Laura Freixas  junto a otras muchas críticas que se acercan a la literatura con una mirada de género, el patriarcado decidió que lo que sienten/piensan/escriben los hombres atañe a toda la humanidad, mientras que lo que sienten/piensan/escriben las mujeres, solo atañe a las mujeres mismas. Sin embargo, las mujeres, educadas en una estética patriarcal, podemos interesarnos y disfrutar de las obras canónicas de la literatura masculina porque esa educación nos permite incorporarlas a nuestra cultura sin cuestionarnos que su punto de vista sea exclusivamente masculino, sino humano, algo que nos atañe también a nosotras, de algún modo. Mientras que esa misma educación patriarcal, en los hombres, convierte en asuntos particulares de las mujeres, ajenos por tanto a ellos, los problemas que nos preocupan. De ahí el texto de Basilio Losada, de ahí que ninguna de nosotras nos atrevamos a decir con esa insistencia que cierto cine, ciertas novelas, cierto teatro, están presididos por una mirada y un espíritu masculinos, y que las mujeres tenemos dificultades para entenderlo. Mientras no nos atrevamos a cuestionar el privilegio epistémico de los varones, a particularizar sus puntos de vista como ellos particularizan los nuestros, a analizar desde una posición de género sus afirmaciones y sus producciones, no saldremos de esta situación de inferioridad cultural a que nos tiene sometidas ese mismo privilegio. La educación patriarcal divide el mundo en dos géneros, dos identidades dinámicas, dos almas, dos sensibilidades, y la literatura y el arte recogen las particularidades de esas dos sensibilidades en todos sus matices, en la producción de las distintas obras de hombres y mujeres. El problema, entonces, no es hablar de literatura masculina o femenina, sino subrayar la desigualdad entre ellas, priorizando las producciones de los hombres allí donde solo hay diferencia de mirada. El problema, entonces, consiste en canonizar y universalizar una  literatura y degradar y particularizar la otra; consiste en convertir las particularidades de las mujeres en cominerías, esa palabra cuyo significado machista tanto costó eliminar del diccionario.

     

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