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  • 27
    Marzo
    2014

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    Otra vez el olvido

    Madrid fue una fiesta desde la mañana al atardecer. Una fiesta emocionante y multitudinaria de solidaridad y participación ciudadana. Hacia el mediodía, las columnas llegaban ya desde Vallecas o por la carretera del sur, enarbolando banderas republicanas y de los grupos y asociaciones convocantes. Las pancartas eran originales, chistosas, divertidas y rotundas. No se podía permanecer al margen de la energía que transmitían las miles  de personas que coreaban los eslóganes de la marcha. La sonrisa se quedaba en los labios de todos, como si no estuviésemos allí para denunciar los recortes y la deshumanización de las medidas de un gobierno que trata a los ciudadanos como esclavos, como piezas de un rompecabezas que a ellos mismos se les escapa de las manos. Se quedaba en los labios la sonrisa porque el encuentro daba voz a la esperanza, al deseo de volver a ser ciudadanos activos, capaces de construir juntos un mundo más justo. Pero llegó la noche, y el enfrentamiento entre grupos de jóvenes y la policía, y todo quedó en eso, la prensa reprodujo el espectáculo de la violencia que tanto gusta reproducir. Representó un mundo que no fue el que allí vivimos. Hoy las imágenes de la manifestación son más difíciles de encontrar en la web que las de los hechos violentos posteriores. Llegó el domingo, y murió Adolfo Suárez, arquitecto de la transición. Una transición a la que también contribuimos muchos de los ciudadanos que el sábado nos manifestábamos en Madrid. El olvido empezó a cernirse sobre la marcha. La representación del mundo que los medios de comunicación nos transmite aparta sistemáticamente el protagonismo de los ciudadanos para fijar su foco de atención en los políticos, incrementando así el abismo que se ha establecido entre estos y la realidad. ¿No deberían los medios atender lo que sucede en la calle? Muchos cientos de miles de ciudadanos (¿un millón, dos millones?, basta ver las fotos aéreas para comprobar la envergadura del acontecimiento) dedicaron su energía a manifestar su desacuerdo unánime, dejaron sus casas y sus quehaceres para participar en un acto de protesta cívica solidario, pero sus energías no fueron representadas sino enmudecidas. Insisto.

     

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