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  • 25
    Noviembre
    2013

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    Maltratadas

    ¡Cállate! No sabes nada. Tu familia no te quiere. Eres un desastre. No hay quien te aguante. No es como tú dices, ¡subnormal! Aquí se hace lo que yo digo. Si no me lo das tú, lo buscaré fuera. Cuidado con lo que dices… Las cuentas las manejo yo, ¿te enteras? Esa falda no te la pones, pareces una puta. ¿Se puede saber qué horas son estas de venir a casa? Esa amiga no te conviene, no quiero que la veas más. Si me quieres tengo derecho a mirar los mensajes de tu móvil. Yo pienso…, yo pienso…, tú no tienes que pensar nada… ¿qué te has creído? Las bofetadas no son siempre físicas. El maltrato y la violencia hacia la mujer empiezan por la descalificación, el insulto, el control, la negación de su personalidad y de su identidad por parte del otro, el intento de aislarla sistemáticamente de su entorno, el esfuerzo programado por parte del agresor para que rompa con su biografía anterior; la desatención, el autoritarismo, el grito, la humillación. Y el silencio. A veces el silencio del hombre expresa su negación de la mujer, la constatación expresa de que no merece una respuesta suya, de que no es nadie para él, de que no la considera  como un sujeto con deseos y vida propios. El silencio es también maltrato. Despierta, identifica estas conductas, reacciona.

     

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