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  • 16
    Septiembre
    2012

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    Las mujeres-satélite

     

    La culpa fue del cine de Hollywood. Concretamente, de las esposas de los protagonistas de las películas de Hollywood. La dócil esposa de Gary Cooper en Solo ante el peligro, el arrobo de Scarlett O´Hara tras la noche de amor con Rhett Butler en Lo que el viento se llevó, los ojos de ganso enamorado de Jean Fontaine en Rebeca; en fin, cada uno de nosotros tiene su particular filmografía, aquella que contribuyó a su educación sentimental, la que estableció el imaginario de lo que es el amor y, en el caso que nos ocupa, el amor en la vida de una mujer.

    Porque, en nuestro caso, el de las mujeres, amor y vida son sinónimos en el cine de Hollywood y, por ende, en nuestra educación amorosa. La vida de una mujer no era tal si no era amada por un hombre. Las mujeres americanas de las películas (cuando no eran vampiresas –en cuyo caso dependían enteramente de un gánster que las maltrataba y colmaba, alternativamente, de regalos –) vivían por y para los hombres, y como eran más guapas y glamorosas que las de Buñuel, pongo por caso, todas queríamos parecernos a ellas. Así nos fue.

    Fue necesario que el espejismo se desvelase, que Betty Friedan escribiese La mística de la feminidad, y mostrase el lado oculto de esas amas de casa, tan amorosas como dependientes (las de Revolutionary road, por ejemplo): su insatisfacción crónica paliada con fármacos y amantes, sus depresiones, su infierno; que el feminismo arrojase los sujetadores al viento, entre otras muchas e importantes cosas, para entender que ser mujer es algo mucho más interesante que satelizar a un hombre, que las mujeres somos tan protagonistas de nuestras vidas como los hombres de las suyas, aunque solo muy tardíamente el cine se haya hecho eco en este sentido de nosotras.

    Y, sin embargo, más de cincuenta años de liberación femenina parecen estar en peligro a causa de esta ola conservadora y cutre, familiarista y católica, que nos invade.  Una ola a la que se ha sumado la nueva imagen de la monarquía.

    La Casa Real ha aprovechado el cuarenta cumpleaños de la princesa Letizia para difundir cuarenta imágenes de los herederos de la corona (tan maltrecha últimamente que hay que restaurarla sin falta, con más maña, eso sí, que el Ecce homo de la pobre Cecilia). No sigo en absoluto los asuntos de familia de los Borbones, pero este sábado, las portadas de los periódicos que leo reproducían unas imágenes de la futura reina que me han recordado aquellas otras de las mujeres-satélite de Hollywood. En TV 1 se insistía en que se quería ofrecer de la princesa una imagen de madre y esposa feliz, y sus ojos de éxtasis (ella, que fue independiente y libre), mirando a su marido, me dieron escalofríos.

     

     

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