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  • 02
    Abril
    2014

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    La literatura es una fiesta

    Se vistbibliotecaen con camisetas de color violeta con su nombre escrito en amarillo sobre el pecho y, en la espalda, el de su club de lectura. Todos los jueves, sin falta, se reúnen en la sede que les presta su barrio. Son un grupo de mujeres alegres, que traen consigo el café, unos dulces caseros (a mí me obsequiaron con unas memorables trufas), y sus libros. Y los leen. En voz alta, despacio, pasándose el turno unas a otras hasta que acaban el capítulo o el relato. Luego lo comentan entre ellas. Analizan el texto comparándolo con la vida, la ficción para iluminar la realidad, para explorar las múltiples posibilidades de esta. Cuando están contentas, satisfechas, hacen la ola. Una ola espontánea y emocionante. Una fiesta. Llevo años visitando los clubes de lectura de la región y nunca me han defraudado sino todo lo contrario. En los lugares más escondidos ha surgido, inextinguible, la chispa de la literatura, el ejercicio de la inteligencia y de la emoción, la reconocida capacidad de la palabra para ponerle nombre a nuestras emociones y mejor entenderlas, su luz esclarecedora. Y en los clubes de lectura están, créanme, las mejores personas del mundo. Son gente conciliadora y tolerante porque los libros les han enseñado que la experiencia humana es plural, contradictoria, insondable. Pacientes, aprenden el valor del tiempo desplazándose por las líneas de la página con atención, pensando junto al autor o la autora, dialogando con ellos. Son inteligentes, y desarrollan su capacidad de comprender y de discutir en grupo, polemizando si hace falta, porque de lo que se discute queda entre ellos, así, como en el centro de la mesa, y nadie se siente dañado ni censurado por expresar sus diferencias. Sueño con un país en el que sus ciudadanos se parezcan a estos. Me cuesta acudir a esos clubes. Lo hago después del trabajo, sobre las ocho de la tarde, cansada de una jornada agotadora; entro exhausta, pero salgo de ellos renovada y agradecida porque me ofrecen, una vez y otra, siempre, motivos para seguir amando juntos la literatura. Gracias a Luisa, Conchi, Sensi, Conchi, Lola, María Teresa, Juani, Marita, Carlos, Ángel, Ana, Ana, María Ángeles, Pepi, Marisa…

     

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