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  • 04
    Marzo
    2015

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    Fuerza mayor

    Ruben Östlund, 2014 FuerzamayorPremiada en los festivales de Cannes y Sevilla, y nominada con el globo de oro a la mejro película extranjera 2015, Fuerza mayor, la película de Östlund es un prodigio de contención y expresividad. El incidente que motiva el drama familiar que está en el centro de la historia es tan simple que parece mentira que no se haya utilizado antes en el cine: un alud provoca el pánico en la estación de esquí donde pasa sus vacaciones una familia joven y unida. El padre reacciona cogiendo su móvil y huyendo, la madre se queda protegiendo a sus hijos. A partir de ahí, esta respuesta del varón, contraria a lo que se espera de un hombre, minará las relaciones de la pareja tanto como las que los hijos mantienen con su padre. Y mucho más a este. Los lazos parecen derrumbarse también como un alud incontrolado pero, y de ahí lo hermoso, sincero y auténtico de esta película singular, el acontecimiento provocará cambios en todos los personajes, que tendrán que enfrentarse a él e integrarlo en lo que necesitan y conocen también del otro. Los últimos quince minutos, la escena del autobús (que al parecer, según declaraciones del director a El Cultural de El Mundo, está inspirada en un vídeo de youtube donde la protagoniza un conductor español), es de una belleza y una tensión escalofriantes. El peligro y la respuesta al mismo, de nuevo en escena, esta vez protagonizada por la madre. La tribu humana, sin aparatos tecnológicos por medio, camina, nómada de nuevo, hacia su salvación, en mitad de una naturaleza hostil. La cooperación es imprescindible para la supervivencia, pero todos tendrán que reinventar y redefinir los roles aprendidos para mantenerse a salvo. A partir de ahora ya no valen los estereotipos hombre/mujer, porque se han demostrado falsos, la vulnerabilidad y la valentía son patrimonio de unos y de otras, y con ellas tendremos que vérnoslas si queremos seguir juntos. Hay personajes secundarios exquisitamente trazados, como el amigo pelirrojo, con el que se nos ofrece la bella relación de amistad entre hombres, de fratría, y la amiga promiscua, enigmática en su última decisión, como enigmático es el empleado del hotel que les mira, testigo incómodo y mudo de los desencuentros de la pareja protagonista. Más allá de su innegable valor como espejo de unas transformaciones entre los géneros que los nórdicos empiezan a introducir en sus producciones artísticas (pienso en Karl Ove y su novela, Un hombre enamorado), le película es un prodigio estético de una belleza clásica innegable. Bergman está detrás de estas imágenes íntimas y expresivas. La nieve sirve de fondo al drama familiar, y la conversación es el vehículo por el que transitan los cambios. Östlund demuestra que para hacer una película valiente, emotiva, bella y necesaria, no se necesitan pistolas, mostrando un lenguaje cinematográfico delicado, mostrando también en su factura la traslación de un modelo de cine testosterónico, donde los roles de género se repiten hasta el vómito, hacia un modelo nuevo, aunque con contados antecedentes, capaz de mostrar la duda, la incertidumbre y la vulnerabilidad que nos afecta a todos. Fuerza mayor es una película imprescindible y necesaria, insisto, sobre la que sería obligatoria realizar los queridos y añorados cinefórum de antes; en centros de enseñanza, en bibliotecas y centros culturales, allí donde se reúnen dos o más personas. Animo a los gestores a realizarlos y a comprobar que los ciudadanos, cuando se les ofrece calidad e inteligencia, responden con entusiasmo a estas propuestas. Por favor, vayan a verla.

     

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