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  • 06
    Agosto
    2012

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    Ética del sufrimiento

    Hay ya demasiados emergentes que apuntan en la misma dirección: el contubernio PP- Iglesia católica ha rescatado del olvido la ética del sufrimiento. Aquella en la que fueron educados generaciones de españoles católicos; a saber: la vida es un valle de lágrimas y solo a través del sufrimiento y del sacrificio se consigue entrar en el reino de los cielos.

    Veamos algunos ejemplos que lo muestran.

    - Los recortes: propuestos con una sonrisa (alguien señaló que se ríen demasiado los políticos del PP) nos abocan a la depresión y a la detumescencia del órgano sexual masculino (según noticia de este fin de semana). Durante la crisis aumentan los suicidios y la impotencia, el dolor humano.

    - El supuesto de malformaciones del feto que Ruiz Gallardón quiere eliminar producirá sufrimiento en las madres de niños con malformaciones, así como los niños mismos (como el excelente artículo de un especialista en estas enfermedades se encargó de exponer en el diario El País). Ambos serán candidatos a la santidad, y Gallardón el portero de ese reino prometido, el artífice de su redención eterna.

    - La subida del IVA en la cultura parece decirnos: nada de placeres por favor, a trabajar por cinco euros la hora, que el trabajo y la esclavitud dignifican al hombre. Luego a casita, a mirar la tele que es barata, el fútbol y las olimpiadas.

    - En el ámbito regional, la UCAM y sus futuros médicos, formados, dicen sus artífices, en los valores del cristianismo, para combatir la eutanasia, el aborto y la cultura de la muerte. Es decir, muramos en medio del dolor, sin paliativos, con ensañamiento terapéutico si es preciso, pues el sufrimiento purifica, nada mejor que él para garantizarnos el cielo.

    En definitiva, suframos.

    Llevábamos años intentando desprendernos de esa España casposa, rancia, triste, gris, enferma de represión y de obsolescencia, y en unos cuantos meses, ¡zas!, volvemos a lo mismo.

    Decía Albert Camus que no hay que tener vergüenza de buscar la felicidad, y Clement Rosset nos invita a cultivar la alegría. Pues no, anatema, herejía, a sufrir desde el nacimiento (malformados, enfermos, no deseados) hasta la muerte. Sin respiro.

    Mientras, ellos se instalan en sus puestos disfrutando de esa doble moral tan cristiana que les exime de predicar con el ejemplo. Que se jodan los otros, que diría ella.

     

     

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