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  • 14
    Febrero
    2014

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    Dientes

    Cada mañana, las noticias me hacen retroceder décadas. Vivo en un mundo en marcha atrás. El cuerpo que era mío ha dejado de serlo, y son otros quienes quieren decidir sobre él, imponiéndole una maternidad que puede no ser deseada por mí. La globalización solo beneficia a los mercados, pues la justicia universal ha sido mutilada, cercenada la equidad de su ejercicio al introducir un sistema de pago que discrimina al más necesitado. gritos-sonrisas-imposibles-francis-bacon-L-1Los inmigrantes pueden morir porque han sido reducidos a la vida nuda, son prescindibles, y son expulsados de los países en los que no encuentran trabajo, o retenidos mediante “disuasorias” e indignas vallas con cuchillas en la frontera de los que no quieren que entren. Vivo en un mundo en marcha atrás. Me hieren las noticias; ese cuerpo que dicen que no es mío reacciona involuntariamente ante cada nueva agresión contra lo que hasta ahora hemos considerado justo: un salario digno, el derecho a la vivienda, a la salud, a la educación  y a la justicia. La salud social de un país se observa en la sonrisa de sus ciudadanos. La sonrisa como testigo de la pobreza. En la España de los setenta, la sonrisa mostraba la caries, la ausencia de piezas dentales, la falta de hábitos de higiene de un país que salía poco a poco a de un oscurantismo medieval (caciques, curas, señoritos, tráfico de influencias), para conquistar los derechos sociales. Los más vergonzosos ocultaban su sonrisa con el dorso de la mano para no mostrar, junto a ella, los síntomas de una elocuente pobreza. Han vuelto las medias sonrisas. A todos se nos caen los dientes. Están decididos a que nadie les muerda.

     

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