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  • 30
    Diciembre
    2013

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    De tal padre, tal hijo (2013)

    Una de las muchas satisfacciones que te proporciona viajar a París es encontrarte con la última filmografía, no solo europea sino de todo el mundo. Algo extremadamente difícil en una ciudad de provincias donde la cultura es un bien escaso, a menudo residual y de iniciativa privada (lo que es de agradecer, alguna flor crece en el desierto). París te ofrece cine en versión original subtitulada en francés, revistas donde se reseñan los últimos estrenos, y un abanico de pequeñas salas diseminadas en todos los distritos, que facilita su visionado. Entre las películas que he  podido ver durante estas pequeñas vacaciones, quiero destacar la última de Hirokazu Koreeda, un director al que sigo desde hace más de diez años, cuando su film “Nadie sabe” (dedicado también a la infancia, a la relación entre padres e hijos), me conmovió. De tal padre“De tal padre, tal hijo” es una historia sobre los lazos de consanguinidad, sobre su sobredimensionada importancia en nuestras sociedades, sobre cómo es la relación real, y no la sanguínea, la que nutre el afecto, o el desafecto, entre padres e hijos. Decir esto es una sociedad que sobrevalora lo biológico puede ser algo polémico, pero Koreeda lo hace con una delicadeza extrema. Contrapone, además, dos tipos de paternidad (hemos de decir que las madres quedan en un segundo plano durante toda la película): una basada en la disciplina y la distancia, y otra en el acercamiento y el contacto físico. Educar por el deber o a través del amor. Y, de nuevo, lo hace con el mejor lenguaje cinematográfico posible, montando pequeñas anécdotas, imágenes llenas de sentido, que proporcionan al espectador la información que necesita para hacerse con su propio criterio. La película se centra en el punto de vista de un arquitecto ambicioso y la relación con su hijo de seis años en unas circunstancias dramáticas: a esa edad  les comunican que ha habido un error en el hospital en el momento del parto, y que intercambiaron a su bebé con otro. Esto es,  que su hijo no es su hijo biológico. Los padres pueden optar por la relación que elijan, y las dos familias envueltas en el error se aproximan para dar con la mejor solución a este inesperado y triste asunto. Los niños, magníficos actores, son, quizás, los que menos se toman en cuenta en el film, estamos seguros que por decisión del director, pues en la película que citamos anteriormente, “Nadie sabe”, eran ellos los únicos protagonistas y Koreeda mostró su maestría dirigiendo a unos niños abandonados, mostrando su desamparo y su supervivencia con una habilidad exquisita. Pero esta decisión de mantenerlos al margen no disminuye el resultado, lo magnifica, porque, quizás, es eso, precisamente, lo que se hace cuando se antepone el narcisismo de la sangre a la relación real con los pequeños, que solo saben del afecto y de la compañía. Una película deliciosa, triste pero reconfortante, que puede hacernos pensar sobre las inagotables relaciones familiares, sean estas biológicas o no. Cuando tengan ocasión, no dejen de verla.

     

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