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  • 18
    Mayo
    2012

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    Contra el fútbol

    Lo sé, me van a odiar y no está el mundo para odios. Pero precisamente por cómo está el mundo me atrevo a exponer aquí mis razones contra el fútbol.

    En primer lugar, ni siquiera escribiría contra ese deporte si no estuviese omnipresente en nuestras vidas (las de quienes les gusta y las de quienes no), y en contra de nuestra voluntad. El fútbol ocupa en los medios de comunicación un espacio desproporcionado sin parangón con el dedicado a otros deportes, mientras excluyen de sus contenidos realidades sociales de enorme interés. ¿Por qué los deportes son secciones fijas y no los avances científicos o las dificultades para llevarlos a cabo?, ¿por qué no otro tipo de ocio? Teatro, literatura, música, cine, danza, pintura, podrían formar parte de la información cotidiana, pero se reservan a secciones semanales en algunos suplementos que no llegan nunca a la población general, a la que sí llega, lo quieras o no, el fútbol.

    En segundo lugar, la desproporción entre los sueldos de los futbolistas y la de otros profesionales cuya labor social es mucho más relevante e indispensable: médicos, científicos, profesores, trabajadores manuales que silenciosamente sostienen nuestro bienestar, artistas (dado los efectos en cultura de los recortes, estos últimos en claro peligro de extinción). Me dirán que, precisamente, el sueldo de los futbolistas está en función de su visibilidad y presencia en los medios, lo sé. Pero por algún lado hay que empezar.

    En tercer lugar, otra desproporción: la de quienes juegan al fútbol, que desarrollan una cultura del deporte loable: trabajo en equipo, compañerismo, vida más saludable; y quienes solo son espectadores pasivos, que no comparten ninguna de las cualidades de los anteriores. La pasión futbolística crece, y me recuerda demasiado a una época de telediarios y nodos en blanco y negro, una época de oscurantismo católico y de ignorancia; me recuerda el pan y circo, la incultura, la barbarie, por más que algunos intelectuales (no lo comprendo) se hayan subido al carro de las bondades de este deporte llamado “rey”.

    La verdad es que no entiendo nada de nada. Pero me temo que, ahora que el partido en el gobierno tiene todo el poder para manejar a su antojo las televisiones públicas, su presencia se incrementará aún más, y volveremos, no ya a la Edad Media, sino a la Roma de los gladiadores, pero, como ya dije aquí, sin ningún nuevo Espartaco.

     

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