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  • 01
    Octubre
    2012

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    Anoche soñé con empanadillas

    Se llama José Coy y tiene cuarenta y nueve años. A estas alturas es muy difícil que las personas con sensibilidad social de nuestra región no reconozcan su humanidad rotunda, su sentido del humor, su habilidad para explicar con palabras sencillas procesos económicos complejos. 

    Coy, como le llaman los amigos, vendía ropa interior en el bajo de su vivienda, pero la globalización, y la entrada en nuestro mercado de productos más baratos de otros países, arruinó el sector textil y puso patas arriba su negocio. Él no se amilanó; intentó continuar con una nueva iniciativa: comercializar una marca de ropa nueva, fabricada en Portugal, que pareció ir bien durante un tiempo.

    Pero vino la crisis y el banco cortó la financiación de la noche a la mañana. Ante el cierre inminente, Coy pagó primero a proveedores y no pudo pagar a los bancos, de modo que rehipotecó la casa donde vive y el bajo, este último en proceso de embargo donde antes estaba su negocio, y pasó a engrosar la lista de parados sin prestaciones.

    A partir de ahí empezó a organizar junto a otros en su misma situación la asamblea de parados de Molina. Muy pronto se dieron cuenta de que la mayoría de ellos tenía hipotecas y del problema que se les venía encima al no poder pagarlas. Miraron a su alrededor, se informaron y copiaron el formato de la plataforma de afectados por la hipoteca de Barcelona . Luego buscaron, hasta encontrarlo, otra respuesta a la pérdida de la casa y el mantenimiento del resto de la deuda una vez subastada  que es lo que propone la actual ley hipotecaria cuando los propietarios no pueden pagar sus cuotas. Así surgió la famosa fórmula de la Dación en pago: el banco se queda con la propiedad hipotecada, pero el afectado cancela su deuda. La asociación de consumidores Consumur-Facua y el Foro Social les dieron cobertura legal en esta nueva aventura y comenzó la odisea de parar los desahucios.

    El primero de ellos fue en el Barrio de los Rosales, en El Palmar; de ahí que, en homenaje a este primer desahucio que consiguieron detener, José Coy se encuentre hoy en la iglesia de Santa Rosa de Lima, en ese mismo barrio, manteniendo una huelga de hambre de diez días iniciada para conseguir negociar con el banco. Con anterioridad ya se sometió a otra huelga de cinco días que permitió aplazar la primera subasta. De momento ya lleva varios días sin comer  y sueña con empanadillas.

    Al principio, los miembros de la Plataforma de Afectados por la hipoteca eran pocos, y no dormían. La noche anterior al desahucio los nervios no les dejaban. Pero hoy ya han parado ochenta y tres, y cada día son más, los afectados y los miembros de la plataforma.

    El tema llamó la atención de la prensa local y nacional, pues el carácter de la injusticia que supone que por unas cuotas sin pagar el deudor pierda su vivienda y siga debiéndole al banco el resto de la hipoteca es tan elocuente que contó muy pronto con un gran apoyo social. A todos nos duelen esas personas que, a menudo con niños, pierden el techo donde viven, y con él, una de las condiciones que Hanna Arendt señala como indispensables para la vida humana: el cobijo.

    La PAH reivindica el derecho a comenzar de nuevo: las familias no son culpables de la crisis, sino sus víctimas. Mientras tuvieron trabajo pagaban religiosamente sus deudas, pero después….

    Después, apunta Coy, empezó la rebelión de las lágrimas, el llanto de las familias desahuciadas, la impotencia, el sufrimiento humano. Se trata, sigue optimista, de un tema tanto de emociones como de poderosas razones, y una rebelión así tiene que triunfar.

    Para lograrlo aumentan su organización, organizan talleres de apoyo los martes, en Murcia (en la sede de Favemur), donde se reúnen a cuarenta o cincuenta familias, veinte de ellas nuevas, que se consuelan, se informan y aprenden a organizarse y darse apoyo mutuo, así como herramientas legales y personales para enfrentarse a la negociación con los bancos.

    El movimiento del 15-M sumó sus fuerzas a los que iniciaron la lucha y le dio potencia moral; luego vinieron las pequeñas victorias particulares. Pero en el horizonte, el objetivo común prioritario es cambiar la legislación, extender el movimiento de las PAH e incorporar otros temas como el empleo, la protección social, el banco público de alimentos – contra los frigoríficos vacíos, apunta Coy – , un aspecto, este último, todavía invisible, debido a la vergüenza que a los afectados les produce confesar el rigor de su pobreza.

    Mientras sueña con empanadas recibe amigos que le apoyan, y lee La indomable vida de Federica Montseny (otra luchadora como él), la Autobiografía de Federico Sánchez, de Jorge Semprún,  Aproximación a la historia de la Hoac, y Argentina rebelde. Además, no pierde ni la fuerza ni el sentido del humor.

    Será que las empanadillas, y otros sabrosos sueños suyos, le alimentan.

     

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