Blog 
Microscopías
RSS - Blog de Lola López Mondejar

Archivo

  • 24
    Septiembre
    2010

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Ana y los pobres

    Pues eso, de niña recibí una estricta educación religiosa. Hasta los trece años cursé mis estudios en un colegio de las Hermanas de la Caridad, y conozco el catecismo, la sagrada Biblia, el Antiguo y Nuevo Testamento y, por supuesto, todos los preceptos que se derivan de ellos. De ahí que, en mi candor inocente –valga la redundancia- siempre haya pensado que los conservadores de derechas, al ser religiosos, eran gentes de una caridad cristiana a prueba de neoliberalismo. Creía que para ellos, como para San Francisco de Asís, todas las criaturas de Dios tienen derecho a la vida, luego su gobierno nos alejaría consecuentemente de cualquier conducta racista. Estaba convencida de que cuidarían a los desamparados y a los pobres, porque Jesús les llamó bienaventurados y dijo que de ellos sería el reino de los cielos.


    Que distribuirían la riqueza según les enseña su doctrina cristiana, ya que: es más difícil que un camello entre por el agujero de una aguja que un rico en el reino de los cielos. Pensaba, qué imprudencia, que serían fieles a sus esposas, transparentes en sus conductas, honestos con el dinero ajeno, generosos con el propio. Todas las virtudes, en suma, que se desprenden de las enseñanzas de su religión.


    Pero me equivoqué. El mundo está hecho un reino del revés, como el de la canción que les cantaba a mis hijos cuando eran niños. Ahora que ha caído de mis ojos la venda de la candidez he descubierto la clave para comprender a la derecha: los conservadores católicos hacen lo contrario de lo que les enseña la fe que profesan. Eso es todo. En el mundo del revés, parece que sea la izquierda, tan laica, tan irreverente con la Iglesia, tan materialista, la garante de esas y otras conductas éticas que los católicos y sus sacerdotes –que se suponía castos y, por supuesto, cariñosos y tiernos con los niños- parecen haber olvidado.


    Ana Botella dijo así:“La Cenicienta es un ejemplo para nuestra vida por los valores que representa. Recibe los malos tratos sin rechistar, busca consuelo en el recuerdo de su madre". Es cristiana, cree que la mujer ha de ser sumisa, y casa a sus hijas en bodas llenas de invitados corruptos vestidos de etiqueta. Por eso, debe de ser por su catolicismo a ultranza, piensa que son los pobres, los sin techo, los desahuciados de la sociedad que acude a sus bodas, quienes tienen la culpa de la suciedad de las calles de Madrid.

    Qué tonta era yo. Ahora sí lo entiendo todo.

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook