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  • 15
    Octubre
    2014

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    Amarillo luciérnaga

    María José Benito, Isabel Buendía y Encarna Carrillo La Fea Burguesía, Murcia, 2014-10-08   Amarillo_luciérnaga_destacadoAntes de comenzar a comentar este libro de relatos quiero hacer dos observaciones preliminares: -  Primera: Últimamente me sorprenden cada vez más algunos libros de autores inéditos que encuentro más interesantes que otros de autores ya consagrados. Citaré solo algunos nombres de escritoras y escritores que seguramente ustedes no conocen, pero cuyos textos rebosan calidad, originalidad, emoción y excelentes hallazgos: Luis López Carrasco, Cristina Vázquez, Isabel Cienfuegos, Jesús Ortega, Nuria Sierra, Francisco Béjar o Ana Fructuoso, entre otros. Esto es así, quizás, porque el autor/a desconocido tiene que luchar más por la publicación de su libro, o porque las editoriales son más exigentes con ellos, y más condescendientes (todo hay que decirlo) con quienes ya cuentan previamente con unos virtuales lectores. Pensaba en esto el pasado verano mientras escribía el prólogo de “Amarillo luciérnaga”, confieso que muy sorprendida por la evidencia que he comentado, cuando leí un artículo de Julio Llamazares aparecido en Babelia (16 de agosto 2014) que apuntaba precisamente en la misma dirección. Llamazares elogiaba allí el libro de un autor desconocido de 58 años, Avelino Fierro, que ha publicado en una editorial, también desconocida, unos hermosos diarios, a juicio de Llamazares;  y concluye de este modo: ¡Cuántos autores así no ha conocido uno en su deambular de escritor viajero […] y cuántos no merecerían la atención de todos esos lectores que, como ellos, viven también su pasión en el anonimato de los datos estadísticos, esos que dan las editoriales para tratar de definir un mercado cada vez más misterioso e impredecible, con más justicia que muchos de los que disfrutamos del favor editorial y de la prensa…! Así pues, me dije, andamos los dos en lo mismo y, quizás, andemos también los dos en lo cierto. Hoy hemos de felicitarnos porque tres autoras desconocidas han publicado en una pequeña editorial un hermoso libro de relatos: Amarillo luciérnaga, que nada tiene que envidiar a otros libros de autores ya consagrados. Mi experiencia me dice que el talento se distribuye de manera discontinua, y que no está casado con nadie demasiado tiempo, a pesar de que así se haga creer desde el mainstream editorial. - Segunda observación preliminar: Amarillo luciérnaga es un libro escrito por tres mujeres, cuyas protagonistas son también mujeres. Es inevitable que esto concite la pregunta de algunos lectores: ¿Y los hombres? ¿Es este un libro para mujeres escrito por mujeres? Ayer otorgaron el Premio Nacional de la Crítica a la novela En la orilla, de Rafael Chirbes, una obra cuyo protagonista es un hombre, llena también de hombres que hablan con otros hombres, y donde la mujer que más repetidamente aparece es la criada y las putas anónimas que estos hombres visitan para desahogarse. Ni un solo periodista, de los muchos que han entrevistado al autor, le ha preguntado sobre esta circunstancia, tampoco los críticos han subrayado esta particularidad, pues a unos y a otros les parece “natural” que así sea. Sin embargo, no parece igual de “natural” que las mujeres escriban sobre su vida, sus emociones, sus conflictos, a través de protagonistas también mujeres. Los hombres, habrá que pensarlo, acostumbrados a estar siempre bajo el foco, se sienten muy rápidamente excluidos de la escena, y luchan a toda costa por permanecer en ella. Sin embargo, ya es hora de quitarnos los complejos y de afirmar que sí, que las mujeres que escriben escribimos mayoritariamente sobre mujeres, como los hombres escriben mayoritariamente sobre hombres, y que esto no rebaja ni un peldaño la calidad y universalidad de nuestras obras. Como señala Salman Rushdie (Shame, 1983): Las mujeres […] entraron desde la periferia de la historia para exigir que se incluyeran sus propias tragedias, historias y comedias… Me parece que las mujeres sabían muy bien qué estaban haciendo; sus historias explican, e incluso resumen las de los hombres. La perspectiva de las mujeres, el punto de vista femenino, ha estado demasiado tiempo ausente de la literatura. Su reconocimiento está siendo lento y difícil,  siempre subordinado al canon occidental, que es básicamente blanco y masculino. Pero escribir desde nuestra propia perspectiva y reivindicarla no disminuye el valor de una obra, aunque la crítica de este país siga distribuyendo premios básicamente a autores varones: el mismo Premio Nacional de la Crítica al que me refería ha sido otorgado en 57 ediciones, durante 57 largos años, solo a 3 mujeres.  No obstante, nos alegra que haya críticos que confiesan, como hizo recientemente Ignacio Echevarría en El Cultural (3-10-2014, El Cultural), que últimamente están saldando su deuda con las escritoras y que, vaya por dios, resulta que le gustan más que la mayoría de los escritores. Afirma Echevarría: Mi santoral literario está cada vez más poblado de escritoras. En la mayor parte de ellas encuentro rasgos no sólo de sensibilidad sino también de pensamiento –de inteligencia- que no suelo reconocer en la literatura escrita por hombres. De ahí que en el prólogo del libro que reseñamos apunte a esta necesaria representación de lo femenino que solo las mujeres pueden aportar a la literatura. Y de nuevo estamos de enhorabuena. Por que en este libro las autoras son tres. - En efecto, se trata de un libro mancomunado, cuyo proceso de gestación fue a seis manos. Una gestación de la que he tenido la suerte de ser testigo en sucesivas reuniones, siempre gastronómicas, desde que se pusieron en marcha sus autoras hace ya tres años. Con muy buen criterio, los editores (estos también mancomunados, pues son tres) han separado en el índice los relatos de cada autora, para quien guste acercarse a sus voces por separado y apreciar las diferencias, pero conservando el conjunto híbrido tal y como se gestó. - Se trata, además, de dieciocho relatos de temática actual, donde las tres escritoras se han desprendido de ese, llamémosle, “cierto realismo costumbrista” tan del gusto de algunos cuentistas españoles, para soltar amarras e ir más lejos, hacia anécdotas contemporáneas y detalles intensos, que no desdeñan una mirada ácida y, algunas veces, poco complaciente con el mundo. - Son relatos protagonizados por mujeres que no se sintetizan en dos rasgos, sino que muestran su complejidad, su valentía o su vulnerabilidad, en momentos de especial significado vital, que las transformarán de algún modo. - Transcurren por geografías distintas, que colorean el paisaje de las atmósferas en las que la peripecia se desenvuelve con un amplio espectro: Yemen, Marruecos…, como no puede ser menos en estos tiempos de nomadismo y globalización. - Se trata de relatos donde el lector encontrará una salida a la esperanza, sin caer nunca en el sentimentalismo, pero poniendo en marcha la ilusión, pues muchos de ellos muestran la capacidad del ser humano de rehacerse del infortunio, de seguir apostando por la vida, a pesar de las contrariedades. Cito algunos ejemplos de estos cierres que apuntan a un futuro abierto, quizás reconfortante. Isabel Buendía, en Amigas  (pag. 112): Quizás ya era tiempo de dejar de morderme las uñas y de mandar al águila a surcar otros cielos. Cuando salí a la calle, desde  una nube quebrada, caía una fina lluvia de Lacasitos que fui pisoteando por el simple placer de hacerlos crujir. Encarna Carrillo, en Mi última muñeca (pag. 125): Por la noche no enciendo la tele, me acuesto y leo en silencio, hasta que el sueño aparece; y al apagar la luz, justo antes de caer dormida, siento un gran consuelo que me invade y que me hace muy feliz. María José Benito, en Podría haber sido una modelo de Hopper( pag. 103), encuentra hasta en la desolación de su protagonista cierto consuelo en el hecho de continuar: Un escalofrío dibuja un sendero reptiliano desde su estómago hasta su cerebro. Siempre será un personaje de Hopper, mañana comenzará de nuevo. En fin, ya están en las librerías estos relatos, ahora solo falta que ustedes los disfruten.

     

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