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MICROMONÓLOGOS DE CADA DÍA
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Blog MICROMONÓLOGOS DE CADA DÍA  - Marc Llorente

Marc Llorente

Probablemente me conocerán a través de la crítica de espectáculos de INFORMACIÓN. Pero uno también le da al periodismo de opinión y a otros géneros.

Sobre este blog de Cultura

La actualidad social y política, la cultura y la creatividad literaria componen un "ménage à trois" perfecto. El realismo, el surrealismo, el absurdo lógico, la acidez o la ternura pueden darse la mano con unas rápidas pinceladas que expondremos para ustedes.


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  • 14
    Julio
    2013

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    SMS. SOS. SMS. SOS

    Es el hombre invisible. No sabe, no contesta. Se esconde en las alcantarillas de la política y no da explicaciones a nadie. Muy elocuente y un reconocimiento claro de que tiene mucho que ocultar. De todos modos, qué va a decir este hombre con pánico escénico, que deambula cono un sonámbulo por los pasillos, con el fantasma de la contabilidad B y la espada de los SMS apuntándole. No puede reconocer nada “salvo alguna cosa”.

    Si dijera la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, tendría que huir con el petate a cuestas. Da lo mismo. Debe bajarse en la próxima en cualquier caso. Hace mucho tiempo que su situación y la de su partido son insostenibles. Se limpian las suelas encima de los ciudadanos con toda una amplia gama de abusos en serie, se burlan sin pausa y, por si fuera poco, la sombra de la corrupción les invade con más vigor cada día.

    Sobran razones a los diferentes grupos de la oposición y a la sociedad para ponerlos de patitas en la calle… o en la sombra haciendo grata compañía al “querido colega” Luis hasta hace muy poco. ¡Qué horror! Les ha engañado a todos y todas y no se han enterado de nada. Aun en la hipotética posibilidad de que les tomase el pelo, deberían tirar la toalla por incompetencia absoluta.

    No. No son tan tontos por muy ridícula que sea la tropa. Siguen huyendo hacia delante como siempre e interpretan el papel de pobrecitos en el escenario de la puerilidad. Que siga tirando don Luis de la manta, que hace mucho bochorno y es momento de abrir la ventana y de airear alfombras.

    El pago de sobresueldos ilegales y la posible financiación irregular, además del enriquecimiento de Luisito, son sólo algunos de los ingredientes del culebrón de corruptelas que toca de lleno a nuestros heroicos salvadores por la gracia de Dios. La señora de la mantilla y la peineta prepara su magnífica actuación en plan trabalenguas ante el juez. En directo y con el ánimo de aclarar los equívocos enredando mucho más.   

    Los escuderos protegen al hombre andante de la triste figura, el torpe hidalgo, de cuyo apellido no quiero acordarme, que cabalga con la lanza de la justicia buscando una salida antisocial a la crisis. No es simplemente a los socialistas y al Congreso a quienes deben dar explicaciones rigurosas, sino a la población.

    La “ofensiva ciega” de unos frente a la ceguera voluntaria de otros. No es que no tengan ojos en la caradura. Prefieren mirar al tendido y continuar echando balones fuera del campo. Tienen mucha vista realmente y aspiran a que los votantes que les pusieron ahí no vean más allá de sus narices, cosa que, exceptuando el legítimo cerrilismo de algunos, es cada vez menos posible.

    La mayoría absoluta de estos sainetescos personajes tiene secuestrada al Parlamento, que es tanto como decir que la gente está a merced de estos caciques. Niegan las acusaciones y “las mentiras, mentiras son y nada hay que explicar”, dicen. El torpe hidalgo solamente habla en escena con un apuntador fiel que le sople. Háblese de “lo importante”, sugiere el ingenioso caballero.

    Naturalmente, los papeles de Luis son una simple bagatela en medio de los recortes y de unas reformas que representan el debilitamiento de los servicios públicos y la privatización progresiva de éstos en favor de unos cuantos y a costa de nuestros bolsillos. Ajustes que arrebatan derechos y condenan a la mayoría a una flojera crónica. Así que celebren felices el glorioso alzamiento del señor presidente. Ya lo ven. Luisito puede ser un truhán. Pero el jefe del Consejo de Ministros reside en las alcantarillas de la política.    

     

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