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MICROMONÓLOGOS DE CADA DÍA
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Marc Llorente

Probablemente me conocerán a través de la crítica de espectáculos de INFORMACIÓN. Pero uno también le da al periodismo de opinión y a otros géneros.

Sobre este blog de Cultura

La actualidad social y política, la cultura y la creatividad literaria componen un "ménage à trois" perfecto. El realismo, el surrealismo, el absurdo lógico, la acidez o la ternura pueden darse la mano con unas rápidas pinceladas que expondremos para ustedes.


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  • 30
    Julio
    2011

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    Huelga de ropa caída o sin faldas y a lo loco

    El nudismo lo inventaron Adán y Eva hace unos cuantos años. Esta joven pareja vivió en un terreno lleno de árboles y sin trabajar. Una serpiente, también desnuda, les invitó a tomar un bote de Coca-Cola que colgaba de un árbol. Y se lo bebieron. A partir de ahí se dieron cuenta de que andaban en bolas. El árbitro, que vivía en una nube, se enfadó con ellos y les enseñó la tarjeta roja por beber esa porquería de importación. Entonces se pusieron un periódico para cubrirse las partes íntimas. El paraíso se fue al garete y tuvieron que apuntarse en la oficina de empleo. La cosa fue evolucionando y un sastrecillo valiente, o ambicioso quizás, inventó la ropa. La ropa se la quitan los nudistas en la playa. Otros se la quitan en la ducha. Deberíamos ponernos en huelga de prendas caídas en defensa de una democracia real. Todos nacemos completamente desnudos. Todos no. Una de mis tías era muy vergonzosa y nació vestida de azul con su camisita y su canesú. "Mejor", dijo el médico a la madre. "Eso que usted se ahorra"... Si fuésemos siempre desvestidos, las tiendas de trapos se enfadarían. Imaginen. Un ministro con cartera y sin atuendos... El presidente de alguna comunidad, desnudo y sin trajes, o un pobre banquero sin corbata ni nada y tapándose con un barril. Las señoras pedantes no podrían utilizar modelos de alta costura y los descamisados seguirían con las nalgas al aire. Compraré un paraíso para ir en cueros. Pondré manzanas en los árboles y una estufa con el fin de no pillar resfriados durante el frío. No iré a trabajar ya nunca ni tendré que zurcir jamás unos ridículos calcetines.   

     

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