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Juan Manuel Cabrera Pareja

Profesor de latín y griego en un instituto de enseñanza secundaria, tengo 46 años, casado y con dos hijas. Me gusta el deporte, viajar y estoy presente en las redes sociales como ...

Sobre este blog de Sociedad

Blog de opinión sobre la política en la ciudad de Lorca desde la perspectiva del portavoz de UPyD


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  • 06
    Julio
    2011

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    El nacionalismo como ideología de desigualdad

     Define el diccionario de la RAE el nacionalismo como "Ideología que atribuye entidad propia y diferenciada a un territorio y a sus ciudadanos, y en la que se fundan aspiraciones políticas muy diversas". Como movimiento político el nacionalismo constituye la esencia ideológica con la que se han justificado algunos de los más terribles momentos de la historia moderna occidental. El nacionalismo parte de la idea de la diferencia como elemento esencial del ser humano: somos diferentes de otros porque vivimos en un lugar, tenemos una lengua y unas costumbres propias. Esta idea de señalar las diferencias escontraria al concepto de sociedad moderna en la que la multiculturalidad implica la fusión de culturas en un mundo global marcado por la comunicación a través de medios como internet y las redes sociales.

    Decía Vargas Llosa en su discurso del premio Nobel que el nacionalismo ha sido la causa de algunas de las peores carnicerías de la historia precisamente por ese concepto de identidad basada en la anulación de todo aquello que no es como nosotros. Ese es el problema fundamental: los nacionalistas defienden su identidad por encima de las demás y consideran una agresión cualquier fusión de culturas como elemento de corrupción.

    Hace ya mucho tiempo que el nacionalismo en España es una cuestión simplemente de luchas de poder político: los partidos nacionalistas en Cataluña y País Vasco lo único que pretenden es acaparar mayores parcelas de poder para gestionar sin tener en cuenta ninguna otra valoración sobre los intereses generales de todos los ciudadanos. Nadie duda en España del valor de una cultura como la catalana, la vasca o la gallega, como tampoco de la andaluza, valenciana extremeña etc. Casi todos (que siempre hay tontos para todo) apoyamos políticas que protejan el uso de las lenguas de nuestro estado, las costumbres y gobiernos descentralizados que están más cerca del ciudadano y sus necesidades.

    Los nacionalistas y regionalistas han usado esa defensa como base ideológica sobre la que construir un discurso de enfrentamiento y revancha muy alejado del ciudadano pero que ha acabado calando gracias a nuestro particular sistema de comunidades autónomas y la ley electoral. Todo esto lo ha propiciado el peso de esos partidos minoritarios en el panorama político nacional y un sistema autonómico sin techos competenciales en los que las administraciones regionales eran los papás buenas que creaban puestos de trabajo y financiaban cualquier tipo de aventura con el aire de folclórico mientras que papá estado era el malo que recaudaba impuestos y se los llevaba a otras partes esquilmando las riquezas de la región.

    Cuando las comunidades menos "históricas" se dieron cuenta se apuntaron al mismo carro con la complicidad de PP, PSOE e IU que lo fomentaron dentro de sus propias estructuras. Mientras hubo dinero con el que financiar semejante disparate nadie se acordó de que por encima todo eso debería haber un estado que garantizase una administración austera que defendiera el acceso a unos mismos derechos y deberes para todos los españoles.

    Así llegamos a el disparate actual en el que un catalán o un vasco considera que su identidad nacional está en una lengua y unas costumbres, pero olvida que también forman parte de su identidad esos elementos comunes de lengua y cultura española. Rechaza lo español como colonizador y agresor de la verdad absoluta identitaria y busca opciones políticas que le ofrecen una "normalización" consistente en la imposición de una lengua y una cultura frente a la común a todos y propia de muchos de los habitantes de ese territorio.

    Se ha acusado en muchas ocasiones a UPyD de ser un partido nacionalista español. Creo que no es correcta esta definición porque siempre hemos apostado por una Europa más fuerte y real. Lo que pasa es que estamos convencidos de que esa apuesta por Europa debe hacerse protegiendo primero todo lo que de común tenemos como identidad de estado y en segundo lugar mimando todas nuestras diversidades culturales y lingüísticas.

    La defensa de un estado fuerte y de sus símbolos representa el respeto por un orden constitucional que nos permite vivir en democracia y que debe velar por que todos los españoles tengamos los mismos derechos y obligaciones. Los símbolos del estado visibles en todo el territorio no son una cuestión sentimental sino que son la muestra de que en todas las instituciones públicas que nos gobiernan se respeta ese principio de igualdad de todos los ciudadanos independientemente de la lengua, la cultura o el territorio en el que se desenvuelven.

    Por eso exigimos que se restituyan los símbolos del estado en aquellos lugares en los que Bildu gobierna, paraque dejen claro que defienden un estado constitucional que protege a todos los ciudadanos por igual y que lucha contra cualquier tipo de violencia. Yo soy libre de colocar una bandera o un crucifijo en mi casa, pero en la casa de todos debemos demostrar que respetamos las normas de juego de la democracia, comenzando por aquellos que han sido las víctimas. Por todo eso es por lo que creo que Bildu no debe estar en las instituciones, porque discrimina a ciudadanos por su forma de hablar, por su procedencia geográfica; porque defiende hace homenajes a personas que han asesinado con el tiro en la nuca o colocando bombas; porque ponen por encima de los intereses comunes de todos los españoles los intereses particulares de un territorio.

    Cualquier administración tiene la obligación de gobernar bajo el orden constitucional, también los ayuntamientos y comunidades autónomas. A aquellos que quieren la independencia les recuerdo que las infraestructuras, el desarrollo, y el propio crecimiento de sus economías se ha producido gracias al esfuerzo de todo el resto de España, con miles de emigrantes que iban a trabajar allí y aportaban su vida, sus ahorros y sus hijos, esos que luego acaban siendo los más nacionalistas de todos.

    Por todo esto creo que el nacionalismo es una ideología que fomenta la desigualdad, porque debemos buscar políticas generales que compensen a los ciudadanos más desfavorecidos. No como simple caridad sino porque el sistema económico y social de todo el mundo se basa en eso, cuanto mayor desarrollo alcancen los territorios más pobres mejores perspectivas comerciales alcanzan los territorios más ricos. Eso bien lo aprendieron en Alemania, por ejemplo, y así les va a ellos y así a nosotros.

     

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