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Juan Manuel Cabrera Pareja

Profesor de latín y griego en un instituto de enseñanza secundaria, tengo 46 años, casado y con dos hijas. Me gusta el deporte, viajar y estoy presente en las redes sociales como ...

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Blog de opinión sobre la política en la ciudad de Lorca desde la perspectiva del portavoz de UPyD


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  • 19
    Septiembre
    2012

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    Contra el nacionalismo chantajista y cateto

     Algunos llevamos ya bastante tiempo poniendo de manifiesto la gravedad de la deriva nacionalista y las consecuencias que ésta tiene para el conjunto del estado español aunque parece que es a partir del día 11 de septiembre cuando se han puesto en evidencia. Esta entrada se han realizado desde la perspectiva de aquellos que creemos que el nacionalismo es una ideología retrógrada, analfabeta y causante de algunos de los peores males de nuestra historia.

    En cualquier definición de la ideología nacionalista siempre aparece el concepto de la identidad basada en cuestiones como la cultura, la lengua o el territorio y en ella siempre se añade una acción política tendente a establecer separación entre ciudadanos a partir de las diferencias culturales. No habría nada que decir sobre la cuestión de favorecer manifestaciones culturales de cualquier tipo puesto que todas nos enriquecen como seres humanos y así deben ser defendidas. El problema surge cuando el nacionalista lo que hace es reclamar la exclusividad de la cultura propia mediante la negación de las restantes. Este paso último es el que aplica todo nacionalista en su acción política y es el que lleva al enfrentamiento, la segregación y la desigualdad frente a los que no son "como nosotros". Además también pone de manifiesto el carácter cateto de quien sólo valora lo propio despreciando lo que viene de fuera. Cada vez me recuerda más el nacionalismo catalán, vasco, gallego, etc. a aquel movimiento nacionalista del franquismo.

    El nacionalismo entendido como reivindicación política de unos privilegios se basa en cuestiones como derechos históricos o de los territorios olvidando que los derechos siempre residen en los ciudadanos y que estos deben ser tratados de igual manera por los gobiernos independientemente de sus diferencias culturales, de idioma o de territorio. Por supuesto que tal planteamiento teórico es sólo una aspiración en la sociedad mundial pero al nivel de los estados es un concepto básico que debe ser considerado como el primero de los principios y base para eliminar cualquier tipo de discriminación desde las instituciones.

    Son incultos aquellos que no entienden que la riqueza cultural de Cataluña está tanto en lo catalán como en lo castellano. Son analfabetos los que renuncian a una parte de su identidad cultural para reivindicar la otra porque es falso que la cultura castellana sea algo extraño y añadido al mundo catalán, vasco, gallego o murciano. Son catetos aquellos que basan su identidad cultural en ver un cartel escrito dos veces de la misma forma simulando una diferencia innecesaria.  Ambas culturas son la esencia que permite entender la sociedad y la cultura de una nación que basa su riqueza en la variedad y en la tolerancia. Los que ahora ponen en duda todo esto desprecian el esfuerzo de muchas generaciones por establecer una convivencia que nos favorece en aquello que nos une y que es indisoluble, sin que eso signifique que se tenga que hacer monocromática.

    Los que ahora piden gestionar los recursos propios lo hacen desde la insolidaridad y la injusticia, lo hacen olvidando que sociedades como la catalana o la vasca basan su riqueza en las aportaciones económicas de generaciones de ciudadanos de todos los rincones de España que han trabajado para esa sociedad abandonando sus lugares de origen. Son ellos los que olvidan que gran parte de su riqueza se basa en unas relaciones comerciales favorables o en unos medios de transporte que han desarrollado más estos territorios a costa de los del resto. Aún recuerdo cuando yo era pequeño y vivía en Cataluña el viaje en coche desde Cadaqués a mi pueblo (Loja). Entonces era fácil saber dónde el estado había invertido el dinero de todos sólo con comparar las autopistas (sí eran de peaje, pero eran autopistas) con la carretera nacional que cruzaba el Puerto de la Mora y muchas otras más de Tarragona hacia el sur. El progreso económico de estos territorios no sería comprensible sin el resto de los españoles.

    El verdadero problema del nacionalismo reside, no obstante, en aquellos partidos nacionales que han permitido la deriva nacionalista. El tema nacionalista no es un problema de Cataluña o del País Vasco sino que es un problema de España. España es una nación porque hay una constitución aprobada por la inmensa mayoría de los españoles y en la que se establecen las reglas del juego para todos. Este es el argumento base que todos intentan ocultar para no afrontar la situación. Los españoles han decidido convivir con esas reglas y deberán ser los españoles, todos, los que decidamos si queremos cambiarlas o no.

    Esta afirmación se hace más evidente cuando vemos a esos ciudadanos españoles que pretenden romper el estado pero que siguen participando en la toma de decisiones de España, proponen leyes o reclaman ayudas económicas. Ya lo dice el refrán: "no se puede estar en misa y repicando". Así lo ponen en evidencia las intervenciones de Carlos Martínez Gorriarán e Irene Lozano:

    Ha sido la inoperancia y la permisividad de PP, PSOE e IU la que ha dado alas a los que sólo buscan lo propio sin mirar el interés general. Han sido ellos los que han competido con los nacionalistas por un puñado de votos sin tener en cuenta que los derechos de todos priman sobre los de unos pocos. Hace demasiado tiempo que se mantiene la injusticia del sistema fiscal vasco y navarro y por eso ahora los catalanes pretenden aplicárselo en lugar de luchar porque todos tengamos los mismos derechos.

    A partir de esa tolerancia de los grandes partidos ex-nacionales, pro-nacionalistas de pega, se monta la gran mentira del derecho a la autodeterminación y la independencia bajo el supuesto del expolio nacional y el trato injusto. De ahí viene ese alegato populista de que la gente habla en la calle y hay que escucharla cuando conviene en lugar de defender el derecho constitucional de la representación mediante el voto. La unidad de España es clave para preservar la igualdad de todos los ciudadanos.

    Todos sabemos que esto de la independencia es sólo una cortina de humo que busca tapar la nefasta gestión política y económica de los gobiernos de estas comunidades autónomas (esa que ha gastado en embajadas, traductores o cartelería en lugar de pelear por el derecho a una eduación pluricultural y que ha recortado en sanidad o en educación) pero no debemos permitir que el dinero que aportamos todos acabe financiando las quimeras de los insolidarios, chantajistas y catetos. Ante el vicio de pedir siempre nos quedará la virtud de no dar, o al menos eso debería hacer mañana el presidente de "todos los españoles" ante el president de "todos los catalanes" y parte del estado nacional.

     

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