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Las Estaciones y Los Días
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Blog Las Estaciones y Los Días - Israel Olivera

Israel Olivera

Periodista. Del norte al sur.

Sobre este blog de Murcia

De lo cultural, de lo político y de lo social


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  • 31
    Octubre
    2011

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    Una. Barra. De pan.

    Las cifras de la ignominia, de la mordaza, de la secreta convicción de la muerte, de la advertencia perversa, del conflicto falaz.

    Bajo el seísmo brutal de la muerte y del atentado, se resigna (se resignaba, se ha resignado, aún es pronto para conjugar resignó) en Euskadi una forma más sibilina y mutiladora de terror. Sibilina porque es vox pópuli e impune. Mutiladora porque cercena la parte de la vida que nos hace gregarios, que nos hace humanos, la vida social.

    De esta forma el gesto más cotidiano, la labor doméstica más inocente se convierte en un conjuro de miradas vigilantes, de gestos protectores, de estrategias defensivas, de bloqueos de un ataque.

    Comprar una barra de pan supone fijar un horario, hacer una llamada telefónica, esperar, que un hombre o una mujer discretamente vestido espere, de el visto bueno, acompañe uno o dos metros por detrás, observe, seleccione una ruta, verifique la seguridad del interior de la panadería, entre en el comercio y, una vez realizada la compra, rehaga todo este proceso de manera inversa. Y en ocasiones, incluso con el exceso abrumador de precauciones, se falla. Y el fallo es fatal.

    Hablamos de comprar una barra de pan. Coprar una barra de pan. Una. Barra. De pan.

    Conocíamos este fin de semana algunos de los números de este terror sordo de la amenaza. De la diana con un apellido en su interior a la sombra de un portal, exhibida en una plaza. Del sordo rumor de una amenaza velada en un bar. De una corbata negra como las que Thierry obligó a comprarse a Eguiguren para su amigo, compañero, Isaís Carrasco. De un nombre anotado a lapicero en un papel. De los bajos de un coche sin revisar. De una papelera torcida en una calle.

    1.100 personas viven amenazadas en Euskadi. Todas ellas requieren permanente protección especial.

    Pronto, pronto, recuperarán su vida.

    Y con ella las de su familia, las de sus amigos, las de sus compañeros de trabajo, las de sus vecinos.

    La vida se abre en Euskadi. Pronto. Pronto.

     

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