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Las Estaciones y Los Días
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Israel Olivera

Periodista. Del norte al sur.

Sobre este blog de Murcia

De lo cultural, de lo político y de lo social


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  • 07
    Agosto
    2013

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    LOS PEREGRINOS DE LA MUERTE

    Peregrinaje de tragedias, de sangres ajenas, de desgracias de otros.

    Parece aliviar al ser humano regresar al punto exacto del dolor para comprobar que se está vivo ante tanta mortandad inútil. La muerte de los extraños hacen que uno se siente aferrado al mundo frente a la inerme expresión de aquellos que perecieron.

    Los trenes descabezados, abiertos en canal al aire de la atardecida, la negritud de los rostros compungidos por el dolor, el dolor inmenso. Los ecos de las sirenas, el rastro efímero de sus luces en las paredes del talud, el sonido alterado de las emergencias, los gemidos de los heridos, el llanto de los afectados, los cadáveres cubiertos por toallas.

    Esa es la imagen, la fotografía atroz, que algunos de estos peregrinos de la muerte parece querer revivir en su desplazamiento al punto exacto de la tragedia. Peritos en desgracias ajenas, expertos en dolores.

    La avidez por el detalle escabroso, el deseo de conocer el dato morboso, de sentir parte de ese hálito de muerte que no les ha correspondido llegándose hasta la valla misma desde donde se vislumbró la muerte. Curiosidad. Curiosidad.

    La curva de Angrois se ha transformado en centro de peregrinaje.

    Son muchas las personas que se desplazan hasta allí sin lo que parece un objetivo claro, movidos por un motor interno ávido de sensaciones. Los piadosos subrayan que su intención única es rendir homenaje a las víctimas. Los más se amparan en un encogimiento de hombros, en un socorrido y fariseo "pasaba por aquí".

    No faltan testigos que alimenten la carroña. Falsos o no. Apostados sobre las vallas como un pájaro negro. Esperando que llegue el peregrino de la muerte para detallar hasta la última esquina de negritud de aquella noche de luces y de sirenas.

    De dolor ajeno, siempre de dolor ajeno.

     

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