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Las Estaciones y Los Días
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Israel Olivera

Periodista. Del norte al sur.

Sobre este blog de Murcia

De lo cultural, de lo político y de lo social


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  • 26
    Marzo
    2012

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    De victorias pírricas

    Otra victoria como ésta y volveré solo a casa”, así dictaminaba Piro, rey de Epiro su victoria malhadada ante las huestes romanas. Una victoria pírrica en la que se venció al enemigo con un excesivo coste propio.

     Y cierto sabor a hiel se le ha debido quedar en la boca al predestinado Javier Arenas, que vive en sus carnes el sinsentido de una victoria sin lustre y que sabe a mesiánica derrota. En los medios ultraortodoxos se pedía ayer noche su cabeza política servida en bandeja de plata.

    El campeón andaluz se quedó en podenco de retirada cuando, tras una carrera sin mayores obstáculos y dejando tierra por delante, observó tarde y mal que llegaba a la meta sin aliento, sin aire de mayorías, ahogado.

    Quizá el PP haya pecado de absolutismo, de fanfarria y boato, de paseos imperiales y prepotencias tras los últimos resultados electorales y no ha calibrado el alcance último de sus pliegues de hinojos ante el gran capital. Los recortes y la reforma laboral han podido ser su lanzada en el costado. Ay.

    Y cierto sabor a paja de pesebre se le ha debido quedar como regusto al propio Griñán, que nunca llegará a saber si ha sido una derrota del ajeno o una victoria propia, en la que los andaluces quizá hayan optado por el abuso conocido antes del abuso por conocer.

    El presidente andaluz destilaba ayer noche el aire triunfal del galgo que a media cabeza estuvo de vencer al podenco. Una victoria que tiene un regusto a deber cumplido más que a refrendo popular en las urnas. Una victoria de inercias.

    Quizá el PSOE haya pecado de sonrisa fácil tras los resultados de ayer, sin calibrar aún cómo Izquierda Unida se frota las manos ante sus propias narices, sabiendo que ahora solo habrá de pedir el oro y el moro para que desde las altas instancias se lo concedan.

    Mientras, la ciudadanía, soberana, ha hecho de su capa un sayo y tirado por tierra los miles de euros de las encuestas, haciendo saber a tirios y troyanos que sus decisiones son suyas y de nadie más. 

     

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