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Irene G. Gázquez

Periodista con tanto criterio como Samuel L. Jackson.


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  • 12
    Septiembre
    2015

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    Cine Murcia Shyamalan

    'El sexto sentido' no fue un golpe de suerte

    "Voy a levantarme cada mañana y respirar durante todo el día, y dentro de un tiempo ya no tendré que pensar que hubo una época maravillosa y perfecta". Imagino a M. Night Shyamalan en la consulta de su psicólogo recitando frases de Tom Hanks como si fuesen propias. Se siente decaído y decepcionado consigo mismo y no es de extrañar; Hollywood le ha abandonado y, como ocurría en Algo para recordar, está buscando la forma de volver a alcanzar su propia felicidad.

    Han pasado 16 años desde que el director indio estrenara la maravillosa El sexto sentido y el público parece olvidar que es el artífice de la sagrada trinidad —El sexto sentido, Señales y El bosque— y padre de la maravillosa e infravalorada El protegido. Una vez que decepcionas —y pones tu nombre en los créditos de Airbender— es difícil alcanzar el perdón de una industria que, curiosamente, da trabajo año tras año a Adam Sandler.

    'El sexto sentido' no fue un golpe de suerte

    M. Night Shyamalan cuando todavía era feliz.

    Se convirtió en niño prodigio con la ya citada película de Bruce Willis. Lo tenía todo: suspense, terror, thriller psicológico. Momentos de 'sustos' y también instantes para la reflexión. El mundo alucinó y pronto subió como la espuma en la carrera por el Oscar, que finalmente acabó en manos de Sam Mendes por American Beauty. A día de hoy sigue siendo una de las grandes películas que recaudan audiencia en televisión —como si fuese una secuela de Pretty Woman— y enseña que el terror, bien hecho, es uno de los géneros que mejor envejecen.

    Al año siguiente estrenó El protegido —el espíritu santo de sus obras—, que contó en su reparto con Samuel L. Jackson, algo que no solo puede beneficiar a la taquilla sino a toda la humanidad. Se trata de un homenaje al mundo del cómic con una puesta en escena brillante y oscura que solo podría comprarse a Darkman, de Sam Raimi —pese a que las comparaciones son odiosas—. Bruce Willis demostró que hacer de sí mismo se le da muy bien y puso, de nuevo, a Shyamalan en el punto de mira de la crítica. Su segunda obra mediática ya comenzó a recaudar opiniones negativas tan propias del mundo hollywoodiense.

    En 2002 apareció su mejor filme: Señales. La renovación del cine fantástico con encuentros en la tercera fase se convirtió en la película del año. Las inteligentes pinceladas del guion —libreto que escribió el propio director, al igual que en las dos películas anteriores— proporcionaron personalidad a una historia ya contada. La simbología de todas sus escenas, sumadas a la participación del siempre agradecido Joaquin Phoneix, enamoraron al público y a la crítica, sin llegar al éxito logrado por El sexto sentido. Algo similar ocurrió con El bosque (2004), donde las desventuras de un asentamiento amish en Pensilvania y el origen de los tétricos monstruos que acechan entre los árboles, lograron cosechar una oleada de críticas positivas que no hacían más que proclamar al director indio como el salvador del cine de principio de siglo.

    Progresiva caída

    Con La joven del agua (2006) comenzó un bache que ha durado hasta este año. Su premisa de cuento de hadas alejó al director del terror al que estaba acostumbrado sin perder su estilo único, pero vaticinando una temporada de tropiezos. La presencia de Bryce Dallas Howard —la que no es Jessica Chastain— y el inconfundible estilo de dirección la “salvaron” de convertirse en una gran decepción dónde, paradójicamente, lo más débil era la historia, uno de los puntos fuertes de Shyamalan hasta el momento.

    Los que comenzaban a odiar al realizador indio se relamieron los labios en 2008 con El incidente. Contratar a Mark Walberg es siempre una mala idea, pero si lo acompañas de una borrachera de poder y un guión pésimo, la película acaba en catastrofe. Un filme sobre la paranoia social en la que la población americana se suicida sin ningún motivo —y de formas bastante ridículas— no casaba con el estilo impecable de Shyamalan y le atribuyeron varias nominaciones a los Razzies. Pero a estas alturas de la vida ya le daba igual.

    'El sexto sentido' no fue un golpe de suerte

         Tirarte en la hierba y esperar a que el cortacésped llegue es un suicido sin ganas ('El incidente').

    A partir de ese momento decidió hacer algo a lo que todo hijo de vecino se ve obligado al menos una vez en la vida: pagar facturas. Con la adaptación de la serie de Avatar: El último Airbender (2010), Shyamalan se quedó en la gloria e hizo un producto totalmente ajeno a su marca. El filme se llevó palos por todos lados, pero no fue hasta 2012 con After Earth, cuando demostró que un grande se había ido y dejó huérfano a un estilo que ya había adoptado como propio.

    Redención

    Este mismo año el realizador decidió adentrarse en el mundo televisivo gracias a la serie Wayward Pines. El producto presenta a un agente del servicio secreto que es enviado al bucólico pueblo a investigar la desaparición de dos agentes federales, una premisa que proporciona una posibilidad de tensión y terror que Shyamalan aprovechó para recordar al mundo que todavía no ha terminado.

    Después de varios años de caída, parece que el poder ha dejado resaca y el director indio ha decidido volver a sus orígenes con la recién estrenada La visita, gracias a la ayuda del productor Jason Blum. Blumhouse Productions es la responsable de títulos como Insidious o Sinister; grandes éxitos cosechados con una inversión muy baja y una campaña de promoción bestial. De esta forma, Shyamalan pretende demostrar que ha cambiado y nosotros, fieles y enamorados, debemos darle el beneficio de la duda e ir corriendo al cine para comprobar que, donde hubo fuego, cenizas quedan.

     

     

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