Blog 
La montaña rusa
RSS - Blog de Javier Durán

El autor

Blog La montaña rusa - Javier Durán

Javier Durán

Es redactor jefe de LA PROVINCIA/DLP. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y estudios de Ciencias Políticas por la UNED, además de tener un máster sobre comunicación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

Sobre este blog de

Solemne no es lo mismo que serio; ceremonioso es diferente a protocolario; aburrido es lo contrario de explosivo; triste tiene que ver con pesadumbre; precoz es ser un adelantado... ¿Podemos estar un día, a una hora, en semejantes cambios de tono de la agobiante realidad? Vamos a intentarlo.


Archivo

  • 21
    Marzo
    2012

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Metrópoli y colonia

    El estilismo del ministro Soria para colocar los barcos o plataformas petrolíferas de Repsol en el mar canario amenaza con resucitar la confrontación metrópoli-colonia (Paulino Rivero la acaba  de verbalizar) entre Madrid y las Islas.

    Todo el mundo sabe, a no ser que se haga el demente, que el Archipiélago tiene un desarrollo sociohistórico originado a partir de una Conquista, y que este modelo de dominación siempre ha estado ahí,  a lo largo de siglos, con consecuencias beneficiosas y negativas. La extinción cultural, la esclavitud o la matanza de aborígenes siempre han conformado un sustrato del que los isleños nunca se han podido desembarazar, hasta el punto de que para explicar determinados comportamientos actuales hay que remontarse a humillaciones remotas.

    El fantasma independentista frente a la metrópoli, a su hacer y deshacer, y también como chivo expiatorio de los males de la tierra, ha sobrevivido en Canarias. La referencia de la especial sensibilidad de las Islas ha marcado diferentes actuaciones: el franquismo diseñó el Mando Económico; Suárez fue el primero en hacer un Consejo de Ministros en el Archipiélago; Zapatero otro tanto de lo mismo... La contribución para evitar la idea del territorio olvidado, teledirigido desde la distancia, ha puesto y pone en marcha una serie de gestos, como la visita del Príncipe a El Hierro en apoyo de una economía afectada por la erupción volcánica, o también los baños de sol y de salitre de Rajoy en su querido Puerto Rico, o las vacaciones de la Moncloa o de la Zarzuela en La Mareta, Lanzarote.

    La delicadeza ha sido extrema, pero por desgracia nunca ha venido mejor lo de "en casa del herrero cuchara de palo" para abundar en la controversia del expediente petrolífero que protagoniza el ministro Soria, que, pese a ser un insular, desconoce o se hace el demente con respecto a todo este bagaje que he comprimido aquí, y del que dan mejor cuenta importantes historiadores e investigadores sociales de las universidades canarias.
     

    El responsable nacional de Industria, aunque a veces parece más un alto ejecutivo de Repsol, vuelve a desatar demonios que habían sido domeñados a fuerza de la negociación, el diálogo y la concertación entre la autonomía y el Estado. Soria resucita la lamentable y artera irresponsabilidad del funcionario godo, que desde Madrid embrida el negocio, y que los fines de semana viene a su Isla para llevarse el besamanos admirativo de sus fieles. Y todo ello, por supuesto, con una venda en los ojos que le impide ver la fogalera política de rechazo que se le está montando.

    De acuerdo en que los informes de los expertos deben calibrar las consecuencias de los sondeos. Nada que objetar a que haya empresarios que vean en el petróleo un modelo de crecimiento. Ni tampoco que existan sectores políticos que están en contra de unas prospecciones que puedan poner en peligro la estabilidad turística. Todo ello entra dentro de la lógica de los pros y los contras a analizar por una economía desarrollada con un horizonte económico abierto. Ahora, Canarias no es igual a otras geografías de la Península Ibérica donde ya se hacen o se tramitan prospecciones. Las Islas, aparte de ser un territorio con una sostenibilidad frágil y dependiente, han vivido, para bien y para mal, atadas a un inconsciente colectivo que rechaza maniobras en la oscuridad para que engulla sin dientes, sin masticar, una decisión que afecta a su estatus como autonomía, por no decir como pueblo. De Soria, por tanto, se espera la habilidad y psicología necesarias para no prender fuego a la hoguera, sino para engordar un consenso tras una oferta transparente y no dominadora.

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook