Blog 
La montaña rusa
RSS - Blog de Javier Durán

El autor

Blog La montaña rusa - Javier Durán

Javier Durán

Es redactor jefe de LA PROVINCIA/DLP. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y estudios de Ciencias Políticas por la UNED, además de tener un máster sobre comunicación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

Sobre este blog de

Solemne no es lo mismo que serio; ceremonioso es diferente a protocolario; aburrido es lo contrario de explosivo; triste tiene que ver con pesadumbre; precoz es ser un adelantado... ¿Podemos estar un día, a una hora, en semejantes cambios de tono de la agobiante realidad? Vamos a intentarlo.


Archivo

  • 23
    Octubre
    2013

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Leonarda y las garras

    El populismo de derechas revuelve las tripas de Europa. Ya no sólo ocupa posiciones en la mayoría de los parlamentos, sino que se infiltra en el Ejecutivo socialista de Hollande para ofrecer a la galería electoral el gesto de la expulsión de la alumna gitana de 15 años Leonarda Dibrani, y todo ello para comerle terreno a una Marine Le Pen con altos índices de aceptación. El inmigrante como chivo expiatorio por la perdida del bienestar hasta encuentra cobijo en modelos tan autosuficientes como el noruego. A la memoria europea acude la cesión de poder que Hindenburg le hizo a Hitler en 1933. Sería la espoleta para oficializar el antisemitismo nazi. ¿Lobos con piel de cordero? El asalto al poder de estos ultras reconvertidos tiene algo del guante de seda que utilizó el Führer para adelantar posiciones, para disfrazar lo que realmente se encontraba detrás de sus ideas.

       La hecatombe humanitaria que se vive en Lampedusa acaba de tocar en la puerta. Un holocausto de ahogados ante el que rige el principio del silencio, o volver el rostro hacia otro lado. Una ausencia frente a la desgracia que recuerda el autismo de Europa frente a los trenes de la muerte que recorrían el continente, o frente a las cenizas que salían por las chimeneas de Auschwitz. Un inmovilismo que refuerza la tesis de una UE liderada sólo y nada más por el argumentario de cómo salir de la crisis, y poco o nada dada a los análisis sobre el cierre de fronteras por imperativo de las corrientes xenófobas que toman asiento en los parlamentos. Sin ir más lejos, en el lugar del infierno, la xenófoba y bocazas  Liga Norte culpó a la ministra de Integración, una congoleña, por animar y dar esperanzas con sus palabras a los inmigrantes a huir de sus países hacia una muerte segura. Y es probable que un ejercicio tan diabólico de hipocresía tenga arraigo más que suficiente para atrapar votos a raudales. Sólo hay que mirar a la Padania, como llaman ellos a su zona de influencia en el norte de Italia, para comprobarlo.

    Para los que piensan que la factura ante estos extremismos (primero ridículas algaradas y luego dedicados a promulgar leyes) nos pasarán factura, ha sido reconfortante la travesía hacía el desierto del nazi Erich Priebke, muerto en Roma a los 100 años el pasado día once. Los restos del matarife de las Fosas Ardeatinas (asesinato de 335 personas en 1944) han acabado en un hangar militar, desde donde serán llevados a un lugar desconocido para darle sepultura. Los lobos neonazis querían convertir las exequias en una ceremonia llena de antorchas y cruces gamadas, pero la Iglesia católica y el alcalde de la ciudad (de centroizquierda) se opusieron a la idea de que las huestes de las sombras aprovechasen el entierro para ensalzar  un pasado que acecha.

    Pero no ha sido un óbito en la marginalidad más profunda, en las olas del tiempo, sino que el criminal Priebke ha tenido la oportunidad, a través de un vídeo, de ofrecer a la posteridad una justificación de la ralea que fundamentó la matanza que le llevó a ser condenado. El excapitán de la SS no se arrepiente. “Fue terrible, pero era una orden de Hitler”, y atención: asegura que la represalia se debió a la muerte de 33 oficiales nazis a manos de los partisanos, y echa la culpa de la masacre a los comunistas, cuyo objetivo era desatar una revolución como consecuencia de un acto de violencia extrema por los nazis.

    El anciano trata de encontrar su exoneración (llega a decir que descendientes de las víctimas le dieron en privado su perdón), y uno piensa en la cantidad de barbaridades que anidan en la Historia y que fueron alimentadas por el escarmiento, la culpa, el culpable, el supuesto enemigo, la obsesión, el culto a la personalidad, la egolatría, el narcisismo... Desde Stalin a Leopoldo II de Bélgica; desde Franco a Pinochet; desde Mussolini a Hitler; desde Stroessner a Castro; desde Trujillo a Videla; desde Tito a Bin Laden ... Cárceles y sangre en nombre de las ideas, de la religión o de visiones que buscaban la sociedad o el hombre perfecto. Y por desgracia con el apoyo descarnado de la orden instalada en la jerarquía más alta: auténticos genios de la literatura, de la música o de la filosofía cuyas creaciones fueron el bastón para tropelías miles, que no vieron o no quisieron ver a quién daban sustento sus creaciones.

    Leonarda Dibrani, la niña detenida en el autobús escolar y expulsada a Kosovo por el Gobierno socialista de Hollande, resulta un paradigma de la telaraña xenófoba que se teje o se cuece en las democracias europeas. Expediente: una joven francófona nacida en Fano (Italia) que llegó a Francia en enero de 2009 huyendo de la persecución a los gitanos decretada por Silvio Berlusconi. ¿Qué da fuerzas a Hollande y a su ministro Manuel Valls frente a las protestas estudiantiles y las críticas de su ala izquierda? El 65% de los franceses se oponen a la vuelta de la joven y su familia. Entonces, la impiedad inquebrantable con la inmigración tiene su rédito electoral.

    En la salas de cine todavía está la última película de Lucía Puenzo, El médico alemán, dedicada a Mengele, el ángel de la muerte, el doctor que en Auschwitz hizo ensayos científicos con los judíos internados, principalmente con los que tenían problemas con su estructura ósea. Esta versión cinematográfica me ha llenado de dudas: por un lado, la idea sobre lo bueno o malo de situar al Mengele más encantador en Bariloche y no con su impoluta bata blanca en la rampa del campo de concentración, donde hacía su selección de seres vivos. En cierta manera, tras la película, uno se siente manipulado, víctima de un solapamiento, de un Mengele amable, moderado en la soberbia de su purismo racial.

    Por otro lado, reconozco que en la película, igual que en El hundimiento (Oliver Hirschbiegel), habita la fuerza suficiente para creer que determinados individuos tienen la coraza implacable para arrastrar a sociedades hasta precipicios abisales, y que detrás de su aparente normalidad esconden verdaderos monstruos que modifican las reglas de convivencia de la misma manera que cambian una vajilla de ropero. El viento de intolerancia que recorre Europa al amparo de la crisis económica puede sacar garras indeseables.
     

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook