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La montaña rusa
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Blog La montaña rusa - Javier Durán

Javier Durán

Es redactor jefe de LA PROVINCIA/DLP. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y estudios de Ciencias Políticas por la UNED, además de tener un máster sobre comunicación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

Sobre este blog de

Solemne no es lo mismo que serio; ceremonioso es diferente a protocolario; aburrido es lo contrario de explosivo; triste tiene que ver con pesadumbre; precoz es ser un adelantado... ¿Podemos estar un día, a una hora, en semejantes cambios de tono de la agobiante realidad? Vamos a intentarlo.


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  • 23
    Abril
    2012

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    La vida de los libros

    Lara levantó el imperio Planeta con comerciales que tocaban puerta a puerta y mostraban a las amas de casa catálogos o muestras editadas en falsa piel y con papel de cebolla. Los cabezas de familia, empleados en la fábrica o en una oscura oficina ministerial, decidían después de la cena si valía la pena o no endeudarse mes a mes para pagar una cuota por las obras completas de Casanova, los premios Nobel, la novela picaresca, una selección de Unamuno o una enciclopedia que curvaba las baldas pero que abría un ojo de buey para saber qué sucedía más allá de la frontera.

    Ya fuese por curiosidad o por darle lustre a un salón con aspiración burguesa, el método funcionó, hasta el punto de que esos vendedores a comisión se convirtieron en asalariados privilegiados en un mundo plagado de privaciones. Esta revolución del libro provocó que los lomos con las letras de los títulos grabadas en dorado, por citar los menos estrafalarios, conviviesen con las figuras de porcelana. Otra cosa es que, pese al gasto, alguien de la casa le dedicase un minuto para conocer el contenido de la extraña minibiblioteca, solitaria y ensimismada frente a las altas tasas de analfabetismo o ante el descubrimiento de los primeros perfiles del mundo a través de la radio y las imágenes en blanco y negro de la televisión.

      No siempre era así: sucedía también que la sed de literatura entraba como un viento fresco, y entonces el pagador de la mensualidad y el comisionista que llamaba a la puerta todos los meses entablaban una relación especial. El hombre iletrado se dejaba llevar por sus consejos y acababa siendo un cliente fiel, dispuesto a hacer un sacrificio para llenar poco a poco  una estancia de la vivienda de más y más libros. Una inclinación, por otra parte, que lo convertía en un extravagante, en un sujeto en observación por su incomprensible costumbre de comprar colecciones y por leer. Un acontecimiento, más que ningún otro, fue la entrada de las Obras Completas de Benito Pérez Galdós, con el rojo de sus seis tomos de Aguilar; un atrevimiento, además, dada su visión anticlerical, su voluntad a favor de la ciencia, su pensamiento socialista, su condena al caciquismo, a la España vividora, al funcionario extremadamente listo...
     

    Los vecinos veían con sorpresa como los libros llegaban hasta el techo. El comisionista ya era casi uno más de la familia, y el lector se echó a volar y a buscar otros como él, apasionados en secreto por Madame Bovary, Rojo y Negro, Ulises, La familia de Pascual Duarte, Tiempo de silencio, Cinco horas con Mario...  Y perseguido por la idea de encontrar cómplices acabó en ateneos o cafés que empezaron a hacer su vida más digna, a aceptar que la pobreza material no tenía que ir encadenada a la pobreza de espíritu.  Su biblioteca, adquirida cansinamente con los ahorros, nada aceptada por el resto de la familia, logró alcanzar una vida propia cuando la despojó del sentido decorativo, o de las ínfulas de un obrero que pretendía codearse con los trepas del franquismo. Fue la hora en que visionó a un hombre o una mujer lejana,  en un territorio desconocido, que escribía una obra literaria sobre la que derramaba sus sinsabores, sus alegrías, sus desgracias personales, las convulsiones de su pueblo, los amores ocultos, las guerras más sangrientas, los viajes a países indómitos, la cacería de una ballena, la hazaña de un niño... Fue el día en que entre estos escritores y él se estableció una vínculo íntimo que le ayudaba a salir de la oscura noche de los tiempos, de las terribles  paradojas a la que le había llevado su biografía, a devolverle una alegría inusitada bajo la nube de la desmoralización...
    Hoy es el Día del Libro.  

     

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