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Blog La montaña rusa - Javier Durán

Javier Durán

Es redactor jefe de LA PROVINCIA/DLP. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y estudios de Ciencias Políticas por la UNED, además de tener un máster sobre comunicación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

Sobre este blog de

Solemne no es lo mismo que serio; ceremonioso es diferente a protocolario; aburrido es lo contrario de explosivo; triste tiene que ver con pesadumbre; precoz es ser un adelantado... ¿Podemos estar un día, a una hora, en semejantes cambios de tono de la agobiante realidad? Vamos a intentarlo.


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  • 15
    Octubre
    2013

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    El cacao de la educacion

    La aparición en escena del informe PISA para adultos al mismo tiempo que la tramitación y aprobación de la Lomce o reforma Wert escama y viene a plagar de indirectas el uso instrumental que los gobiernos hacen de estos estudios. Resulta llamativo, mejor descorazonador, que estas macroencuestas nos catapulten a la cola en comprensión lectora y en matemáticas, y que a la vez  la oposición anuncie que una vez en el gobierno se dedicará a buscar otra ley que regule la educación en España. O sea, que los malos resultados no sirven, ni mucho menos, para apurar una reflexión sobre cómo lograr un pacto educativo, es decir, alcanzar una satisfacción social al ver que nuestros impuestos financian un modelo eficiente y competitivo. El último intento serio en este sentido lo realizó el exministro socialista Ángel Gabilondo: su esfuerzo para que la educación no se convirtiese en un quita y pon quedó anulado por intereses partidistas, profesionales, confesionales, patronales... Todos lo que usted quiera menos uno: el sentido del deber para transmitir a los padres que están ante unos gobernantes que reconocen, y en ello se aplican, que la educación pública es un bien elevado, no sujeto a malabarismos ni a confabulaciones. Parece que los caminos no van por ahí: seguiremos de por vida viendo pasar reformas de reformas, y el horno continuará dando de sí PISAS y PISAS, informes que avalarían la necesidad de invocar una reválida más, un itinerario distinto o una prueba de acceso a la facultad o escuela universitaria.

      Estas evaluaciones europeas, como la recién evacuada Piaac (para los que están entre los 16 y 65 años), no preguntan por Crimen y castigo  o por Ana Karenina, de manera que puede ser un lector compulsivo y pifiarla por no saber interpretar un prospecto de un fármaco o el recibo de la luz. Como consecuencia de ello, pasaría a ser una especie de analfabeto funcional, si bien nadie le niega su facultad para saber qué ocurrió para que George Orwell escribiese Homenaje a Cataluña. Pero el problema es que, pese a venir de la Logse y aprobar una oposición, no entiende (o no quiere leer) el prospecto de la multinacional farmacéutica ni tampoco la abigarrada cuántica del recibo de la luz del ministro de Industria Soria. Conclusión: el burócrata de la OCDE subraya el fenómeno sin matices, sin contexto y sin el escepticismo del que cree (¿cómo? ¿en España?)  que a la vuelta de la esquina hay alguien que te la quiere pegar.  ¿Prospectos? ¿Recibos? ¿Contratos? ¿Cláusulas? ¿Garantías? ¿Vale la pena dejarse la presbicia?

    El Piacc sigue su senda. Catástrofe. ¿Somos o no analfabetos funcionales? Años 80: una profesora de Historia del BUP (muerto ya) llama al alumno a su despacho y lo interroga sobre su examen, en concreto sobre por qué no recoge en el mismo los conocimientos que están en el libro de texto y sí otros que no sabe de dónde los ha sacado.

    “Pero el problema es que no te puedo suspender, las afirmaciones son correctas. ¿De dónde las obtienes?”. El alumno: “De la biblioteca, de otros libros, lecturas...”  Años después, reforma tras reforma, PISA tras PISA, wikipedia tras wikipedia, memorización tras memorización... Tras todo ello, cabría preguntarse si en la escuela de hoy, tan vapuleada, podría sobrevivir el alumno que busca otras fuentes,  y que en su aspiración encuentra a un profesor, el don Gregorio  de la película La Lengua de las mariposas, que lo estimula y le abre las puertas del conocimiento, que le va a poner en su manos títulos inconmensurables, luces que iluminarán los pasos confusos de la vida, puertas que le acompañarán por los años de los años... La voz cálida y las manos fuertes que revuelven en una carpeta de piel para extraer el conejo...

    La evaluación que nos sitúa a la cola puede ser o no. Vamos a ver: Montoro, por ejemplo, dice que los sueldos  de los españoles suben. En la tribuna del Congreso de los Diputados utiliza una fuente; cuando va por el pasillo y lo siguen los periodistas para que aclare su avacuación va y utiliza otra encuesta.  Otro caso parecido es el de Soraya, la superministra, que larga sobre los miles  de parados que han trincado con falsedades. Más tarde, el de la oficina de al lado la corrige y le dice que no son mentiras, sino más bien errores en la tramitación. En el Piacc, según se mire, somos o no analfabetos funcionales. “No se puede llegar a decir de una manera tan tosca”, afirma el experto de turno.

    Nadie sabe qué va a pasar con la educación en España. El día después de Wert podría volver a madurar la fruta y caer del árbol. Sus tesis volverían a ser revisadas, y vuelta con otra ley. Me imagino que los analistas europeos saben     que aquí conviven gente que aprendieron con el Espíritu Nacional  y que se pasaban horas penados con orejas de burros, con otros que tuvieron algo de educación sexual en las aulas, y con otros que tienen ahora sobre las mesas de sus colegios portátiles o tablets de última generación. Sabrán, imagino, que por estos lares el Estado financia una gran parte de enseñanza privada, en su mayoría religiosa, cuyas órdenes casi nunca están contentas por el trato que le da el ministerio a la asignatura de la religión. Y está lo del bilingüismo... Imagino que todas estas peculiaridades, amén de la crisis, son tenidas en cuenta por los especialistas.

    ¿Pero somos o no analfabetos funcionales? Habla Saturnino Martínez García: “Lo primero que  hay que decir es que el PISA de adultos no es una buena herramienta para avaluar leyes. Estamos valorando gente que estudió con normas distintas, que tienen edades distintas y han crecido en sociedades diferentes”. Este país y su descontento visceral se pertrecha, una y otra vez, de estadísticas  comparativas, ejercicios psicoanalíticos para estimularse y acurrucarse al calor germánico, asiático, nórdico, según sople el viento... Intención apresurada, primitiva y de papanatas a la vista del cacao que tenemos en la educación, siendo la prueba irrefutable que aprobada la ley que nos pretende sacar del erial va y se anuncia a viva voz que se prepara otra. A este paso creo que los PISAS y PISAS se declararán incompetentes para España, algo que a lo mejor nos vendría hasta bien.  

     

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