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La hora de mi recreo
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raquel sánchez

Curiosa, impaciente y rebelde como los niños esperando que llegue la hora de mi recreo.

Sobre este blog de Cultura

Viajar, salir, cosas en las que recrearse y que te pueden interesar. En Murcia o más allá. Los Lunes en este blog.


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  • 10
    Marzo
    2013

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    UN PLACER DE PARADOR, EN LORCA

     

    Cuando hace ya seis años me destinaron a Lorca, una de las primeras invitaciones que tuve fue la de participar en una protesta nudista frente a las obras del Parador, para frenar un supuesto ataque paisajístico. La iniciativa no tuvo éxito, o al menos yo me perdí esas fotos.
    El Parador de Lorca ya está terminado y en funcionamiento, y a pesar de que posiblemente hubo mejores alternativas para su ubicación, el resultado final merece bien la pena ser visitado. Los accesos tortuosos desembocan al pie de la fortaleza lorquina en un edificio sobrio y elegante, cuyos interiores en tonos piedra y arena transmiten quietud ya desde el esplendido hall.
    Como comensal promiscua que soy no podía abandonar Lorca sin degustar el menú de su restaurante, que desde las alturas prometía delicias a nuestros ansiosos paladares. Atendidos por un servicio impecable, pedimos Crujientes de Ibérico, Faisán con Trigo y Milhojas de Mantecado. Disfrutamos como chinos en el barro con los intensos sabores y las texturas orgásmicas. Placeres que se reflejaron en nuestras caras y que se acumularán un poco más abajo.
    Totalmente satisfechos y reconciliados con la vida, nos dispusimos a volver abandonando la fortaleza que indeleble en el horizonte se mantiene aguerrida como sus vecinos, herederos de un carácter propio de ciudad fronteriza, que los mantiene en pie frente a terremotos, inundaciones o prevaricaciones.
                Y fuimos carretera abajo dejando a un lado el barrio de Santa María, que se puede sentir bajando la ventanilla y escuchando los ensayos flamencos de los himnos para el Culto. Y admiramos sus monumentos: la casa con el pedrusco en el patio souvenir del seísmo , la iglesia en restauración y el colegio que fuera hospital de tísicos, con las mejores vistas y aires curativos, y los más escasos recursos para alfabetizar a los indigentes niños al pie del castillo.
                A un paso de la lucha del día a día encontramos el Parador de Lorca; una corta excursión y un largo placer.
    ¿Has estado ya en el Parador?

     

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