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La hora de mi recreo
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raquel sánchez

Curiosa, impaciente y rebelde como los niños esperando que llegue la hora de mi recreo.

Sobre este blog de Cultura

Viajar, salir, cosas en las que recrearse y que te pueden interesar. En Murcia o más allá. Los Lunes en este blog.


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  • 17
    Octubre
    2012

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    Tirarse de un puente o puentear.

     Se divisan en el calendario los puentes de otoño. Pero cuando la cosa se pone tan fea que no hay ni para la gasolina de una excursión dominical, en vez de salir de puente ganas dan de tirarse por él. Y los últimos ejemplares de la clase media nacional pataleamos, como cucarachas patas arriba, resistiéndonos a renunciar a tan apreciada tradición nacional. Sin sentir que ya estamos en caída libre desde la estratosfera, sin escafandra y con el paracaídas raido.

    Creíamos tener derecho a viviendas dignas pagadas hasta después de jubilarnos, y la jubilación nos va a pillar con el Alzheimer avanzado,  divagando en la residencia sobre las buenas vistas del ático adosado.

    Pensamos poder viajar como los guiris, recorriendo mundo con sandalias de velcro en los pies y cámaras último modelo en las manos, sacando barriga y torturando  a la peña con el  reportaje de la salida más exótica y lujosa hecha jamás en el barrio.

    Nos aficionamos a comilonas y cursos de sumiller, y España iba bien.

    Ahora los que nos vendían los pisos sin aval nos echan a la calle y debiéndoles el favor.

    Las agencias de viaje cierran y ni si quiera hay que madrugar para pillar una buena oferta en las páginas de internet.

    Los ya caídos y estrellados, sin barrera del sonido que romper, miran con recelo a los que se atreven a ir de restaurant  y no se juntan en casa de amigos a cenar. A los que siguen en su nube y sueñan con el próximo puente para escapar, con la tarifa estrella de Renfe o volando de pie en Ryanair.

    Los ricos mantenidos a base de chanchullos  se sonríen, porque los funcionarios y asalariados vuelven a ras de tierra, donde siempre debieron estar. Y los nuevos pobres  se lamentan de las “políticas de ajuste”, pero se alegran como alemanes de que un vecino más pase a pagar la ilusión de ser modernos europeos, casi escandinavos. Con muebles suecos, que algo es.

    Ya no se lleva el preguntar: ¿Dónde te vas de puente? Porque suena casi inmoral. Pero a escondidas, entre cuentas y remordimientos, buscaré la manera puentear. Sin tirarme al vacio, ni con cuerda ni sin ella. Porque ya lo dice el dicho, si hay que elegir entre el tren o el maquinista; siempre al maquinista, por feo que sea.

     

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