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La hora de mi recreo
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Blog La hora de mi recreo - raquel sánchez

raquel sánchez

Curiosa, impaciente y rebelde como los niños esperando que llegue la hora de mi recreo.

Sobre este blog de Cultura

Viajar, salir, cosas en las que recrearse y que te pueden interesar. En Murcia o más allá. Los Lunes en este blog.


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  • 03
    Octubre
    2012

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    La oveja negra se pasea.

     Hay sitios donde prefiero no llamar la atención. Más aun si eres nueva en un ambiente. Y aunque mi genotipo debería ayudar; ni alta, ni rubia ni con voz de soprano, mi fenotipo se revela inconscientemente. Allá que acabo haciendo o diciendo algo que descubre a la oveja negra disimulada que saco de vez en cuando a pasear.

           Me cuelo en la filmoteca, entro puntual y sigilosamente en la pequeña sala, con vaqueros y camisa monocolor para camuflarme entre los intelectualoides. Durante dos horas intriga, romanticismo y nostalgia me evaden de lo cotidiano. Hasta que llega el final de la película y recuerdo que aun tengo que llegar a casa y cenar. Y que mañana madrugo. Decido marcharme sin quedarme a la charla anunciada. Bajo en último lugar los escalones y cuando casi estoy en la puerta de salida: ¡Pillada! El ponente se gira, me mira y alerta al personal sobre las huidas.

    Llega el primer día de clase de inglés. Parece que he tenido suerte. Profesor motivado y grupo de compañeros heterogéneo, que presagian un curso ameno. Uno de ellos hace una propuesta para el cambio de hora de las clases. Solo una mano vota en contra. La mía. El profesor bromea en inglés: “You are the black sheep”. Acierta, soy una oveja negra, pero no esperaba ser descubierta tan pronto.

                Por fin sábado, surge un plan alternativo. ¿Jazz? ¿Por qué no? Aunque media Murcia estuviera bailando con Miguel Bosé en la plaza de toros,  cuatro intrépidas nos fuimos a Algezares. El picoteo de antes nos costo llegar las últimas, y tener que buscar hueco deambulando entre los habituales que nos miraban con recelo. Algo nos delataba como extrañas. Puede que la edad, el género y sobre todo la vestimenta y los tacones, más de boda que de de melómanas comprobadas. Pero demostramos nuestra entrega tras dos horas de concierto, mitad de pie, mitad sentadas, y nos despedirnos de la concurrencia con cierto aire de estrellas invitadas.
     
                A la oveja negra hasta en su rebaño la dejan de mirar, pero solo saliendo del redil tendrá historias que recordar.

     

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