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La hora de mi recreo
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raquel sánchez

Curiosa, impaciente y rebelde como los niños esperando que llegue la hora de mi recreo.

Sobre este blog de Cultura

Viajar, salir, cosas en las que recrearse y que te pueden interesar. En Murcia o más allá. Los Lunes en este blog.


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  • 13
    Enero
    2013

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    El sexo que se lleva.

     Parece que está de moda, si es que alguna vez no lo estuvo en algún lugar del mundo, el puterío fino. Eso sí, disfrazado de otras cosas. De coach sexual o de masajista tierna. Todas con una de las cualidades básicas que desde cualquier  ramera barata hasta una geisha debe tener: el abir bien las orejas, que van a ustedes a pensar.

     Esto sí es tomarse a pecho lo de explotar los talentos personales (llevando al extremo la tesis del “Capital erótico” de Catherine Hakim”). Y por muy modernos que seamos, el sexo sigue formando parte de las obras de caridad. Como las de la Magdalena a la que le canta Sabina. Para los antiguos eran mujeres marcadas y ahora son las de las portadas. Y ejemplos a seguir para las niñas de hoy.
    “The sessions”; una de las películas de la remesa a punto de estrenar antes de los premios Oscar y protagonizada por Helen Hunt, prototipo de mujer americana media, va de algo llamado sex surroget; una terapeuta especializada en cuestiones sexuales que por el bien del paciente pasa de la teoría a la práctica de manera muy profesional. El tema promete.
     También acaban de estrenar en España, en la tele, otra serie; “The Client List” con la actriz de ”Entre fantasmas”, otra novia de América, pero ahora haciendo de masajista titulada. Está vez por el bien de sus hijos, muy digna, candida y sacrificada se coloca negligés para dar frotes a tíos cachas que le pagan un suplemento extra. Repetiremos la semana que viene para ver que lencería usa ella y a que guapos les da alegrías. Y casi nos lo creeremos.
     No es cuestión de volver a ningún tipo de represión, pero en este tiempo en el que nos sentimos tan libres, todavía hay más control y exigencia social. Todo el mundo se cree con derecho a saber y opinar sobre la vida sexual del vecino y se olvida el respeto a la privacidad; que si poco, que si mucho, que si raro, que si habitual. Que lo cuentes y que lo exhibas. Si no lo haces, es que algo falla.  Y son más los  frustrados que culpan al objeto de su deseo, por insubordinado, y que en vez de piropearlo lo insultan o agreden. Con lo fácil y gracioso que es un: ¡Guapa, pijo! Sin más pretensión.
     Como se pongan de moda estas terapias alternativas en el Practicum Uno de Psicología los estudiantes van tener que ver más porno que la mona Gina y  en el Dos acercarse competir con las pobres puticas de las de todo a cinco, que se ponen en las aceras cercanas a la Ciudad de la Justicia. Ni imaginar el temario que llevarán los futuros Fisioterapeutas. Qué pena que ya no pillemos esos planes de estudios. Tendremos que pedir un préstamo para hacer un máster en Harvard y poder ofrecer los extras certificados, que la competencia no se corta. Los buenos ciudadanos y ciudadanas no se deben negar, y cualquier profesional tiene que estar preparado para el sexo que se lleve.
    Y en tu oficio, ¿qué extras ofreces?

     

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