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La hora de mi recreo
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raquel sánchez

Curiosa, impaciente y rebelde como los niños esperando que llegue la hora de mi recreo.

Sobre este blog de Cultura

Viajar, salir, cosas en las que recrearse y que te pueden interesar. En Murcia o más allá. Los Lunes en este blog.


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  • 27
    Enero
    2013

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    Con el "chi" flojo

     

    Los chinos llaman chi a la fuerza vital o energía que no debe fluir ni demasiado lento, ni demasiado rápido. Este fin de semana algo le ha pasado al mío, porque he estado más cansada, desatenta, comilona y sensiblera que de costumbre y aunque intentaba culpar al trabajo, al frio, a la poca liquidez o a la falta de vitaminas, no era nada de eso… He tardado cuarenta y ocho horas en reconocer que mi flojera para salir en busca de material para este humilde blog, se debía a la ansiedad y  a la emoción contenida por ver a la más pequeña de la casa que vuelve a casa cuando se acabó el turrón.
                No fui a Sierra Espuña, ni a comer migas. El madrugar y el no haber preparado con tiempo la equipación me excusaron y  preferí quedarme en casa a terminar de leer unos cuentos de Borges que se han de asimilar de uno en uno. Ni si quiera la poesía en directo en noche de luna llena me atrajo. Que si no me la dedican a mí, ¿para qué salir a tomar el relente? Un poco de recogimiento de vez en cuando no viene mal, pero sin llegar a la clausura.        
    Sí que pude escapar de la rutina entre semana para ir a escuchar el coloquio sobre Jane Austen, en el que escritores de verdad (no como la que suscribe que solo piensa en voz alta) celebraban el aniversario de Orgullo y prejuicio. Me removieron   el feminismo femenino que llevo conmigo y con él a la romántica domesticada que dejo salir a tomar el aire a ratitos, por si se desata y anula a la doña pragmática que tanto intento educar.
    Pensé también que una tarde de fin de rebajas podría distraerme, aunque el presupuesto sea limitado y las grandes ofertas no sean tales. Cincuenta por ciento de descuento en calzado, pero solo para pies de hermanastras (o muy pequeños o muy grandes). No pude tener una efímera satisfacción consumista, y tocó disfrutar de una sesión matinal para dar crema a botas y zapatos, que tendrán que durar lo que queda de temporada y alguna más.
    He recogido todos los adornos de Navidad, excepto uno, el pequeño árbol de madera con sus luces rojas que espera impaciente a que recojan las cajas puestas a sus pies. Ya se pasó San Antón, y hasta casi nos metemos en Cuaresma, pero las circunstancias mandan y si hay que saltarse el calendario y hasta las leyes del Feng Shui, pues se saltan. El Skype es un gran invento, pero cuando hablas por él con los que quieres y están lejos parece que lo hicieras con sus avatares, y que se confundan con los sueños en los que a veces se nos aparecen. Y los echas aun más de menos porque están sin estar, y no te dejan pellizcarles ni adivinar que hay en su mirada. Puede que cuando desaparezcan los juguetes de los Reyes en mi salón vuelva a fluir con toda su fuerza el chi, y hasta se pongan en su sitio y el ying y el yang.
    ¿Fluye tu chi? ¿Sigue alguna ley?    

     

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