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Javier Pedreño

Javier Pedreño (Cartagena, 1962). ...

Sobre este blog de Cartagena

Palabras, derribar la gran esquina y catar la verdadera realidad de la existencia.


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  • 03
    Noviembre
    2016

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    Murcia
    Cartagena

    Recalculando ruta

    No crean que lo de ‘quien siembra vientos  recoge tempestades’ es sólo uno de esos chascarrillos inútiles que a veces acaba acertando en las cosas del suceder la vida, como cuando un reloj parado da la hora exacta dos veces al día sin ayuda ni milagro, que desde reconocidos filósofos orientales y occidentales hasta nuestra propia abuela acabó coincidiendo en lo de ‘manos que no dais qué esperáis’ o lo de ‘cuídate y te cuidaré’ por reducir una ley universal de amplio e inevitable espectro a los mínimos entendibles.

    Los últimos días han sido vivo ejemplo, o si no prueben a salir con una bolsa transparente repleta de billetes por una zona también repleta de individuos a los que usted viene acusando categóricamente de robarle, de ladrones, sólo por vivir en esa calle,  que seguro que alguno habrá;  lo mismo se abalanzan con magistral coordinación sobre usted y la bolsa todos a una, y le dejan sin blanca y de negro.  Ahora sí que podrá decir que son todos ladrones y agresores, que lo de argumentar que la violaron porque iba provocando, es para detener a quien  sostenga tan indecente afirmación por colaboración necesaria con el malhechor.  Sin embargo y simultáneamente toda persona, mujer, hombre, con bolsa o con falda o pantalón semitransparente cuida de no tentar al diablo, está en la naturaleza de la especie humana protegerse, porque está pensada para sobrevivir y no para autodestruirse y también en la misma naturaleza están presentes los genes de los violadores,  agresores o simplemente  maleducados. Seguramente y como siempre, en el término medio estará la virtud, en ese centro equidistante de cualquier punto de la circunferencia  en el que es imposible el error.

    Estos días se dibujaba en los rostros de algunos la evidencia de que el itinerario alternativo que el navegador nos presentó casi por azar era el correcto, pero nuestra tozudez y soberbia nos condujo por el otro lado y aunque todo permanece, nunca nos acabamos mojando en el mismo agua, de modo que lo que podía parecer igual acabo siendo diametralmente opuesto. Es lo que pasa cuando no sabemos donde ir, que acabamos en otra parte.  A algunos, de cuyo nombre no quiero acordarme, no se les percibe casi nunca señal alguna de arrepentimiento, en lo de escoger itinerario, no en el sentido de disculpas, sino más bien en el de aceptar que diálogos y rutas alternativas pueden ser posibles, en todo caso, tiempo al tiempo que la ley no falla y siempre se cumple. Si miran el rostro de Pedro Sánchez estos días se le intuían tempestades recolectadas de la siembra de vientos en tierras prolíferas,  de igual modo que el rostro de uno de sus muchos oponentes, y me refiero esta vez a Rajoy, brillaba con la sonrisa socarrona de quien por haberse mantenido equidistante acaba saliéndose con la suya, sabiendo que la tiene hecha y bien hecha. Pero la cara que más impresionó es la de Pablo Iglesias echando la culpa a los otros por hacer repetir habitante en la Moncloa sin poder quitarse de la cabeza que los votos que realmente han llevado a Rajoy allí han sido exactamente los suyos, los que no quiso dar a Sánchez. Y es que ya en el destino, que cada cual examine la ruta de su navegador y recalcule lo que habría sucedido si el ‘no es no’ hubiera sido ‘hablemos, tal vez’, y la poca distancia que había para que Sánchez hubiera sido presidente de gobierno si Iglesias y los suyos no se hubieran mantenido en lo del ‘si no mía de nadie’.

    Y para los que están en pleno itinerario, tomen nota, examinen sus orejeras y su orgullo y miren, por si cualquiera de los trazados con los que se cruzan en el camino le condujeran al mejor centro, ese donde no hay tantos errores de los que luego inevitablemente tendremos que arrepentirnos. Recalculando, recalculando… que hasta el rabo, todo es toro.

     

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