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Javier Pedreño

Javier Pedreño (Cartagena, 1962). ...

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Palabras, derribar la gran esquina y catar la verdadera realidad de la existencia.


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  • 17
    Diciembre
    2015

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    Murcia Cartagena ecología pinos

    Montes sin leña

     

    Cartagena, montes sin leña y mar sin ‘pescao’, decía el chascarrillo. En una de esas se nos ocurrió hace 25 años que la cosa tenía que cambiar y pusimos en marcha un plan bien diseñado para que los montes se repoblaran y pasarán a tener la leña que no generaban por sus propios y naturales medios. Hace tres años empezaron los pinos a enfermar y los mismos expertos que ya daban por consolidados estos nuevos bosques ahora dicen que fué un error plantarlos.Las pinadas de Tentegorra, el monte Roldán, la Muela, Peñas Blancas, Perín y el barrio de la Concepción se están secando y más de 1.300 hectáreas están enfermas.

    A principios del siglo XX unos cuantos agricultores dejaron caer en Torre Pacheco unas pocas semillas de melones traídas de fuera para el autoconsumo y hoy, solo 100 años después, se dedican 3000 hectáreas en la región a su cultivo y extraemos cada año 110.000 toneladas. Cosa parecida ha pasado con la lechuga y otras especies sobre las que nos hemos ensañado hasta inyectar en su adn nuestro atributo más insaciable y obligar a la tierra a producir a cualquier precio hasta colmarnos de lo único que es infinito según Einstein, que es la estupidez humana, porque del tamaño del universo, dudó.

    El Mar Menor está seriamente perjudicado para los bañistas y perfectamente equilibrado cuando las medusas llegan a alimentarse de los nutrientes que lanzamos con los vertidos de fertilizantes, las ramblas se llevan por delante lo que consideran que es suyo cuando necesitan abrirse camino y no preguntan, llevan la escritura de propiedad del terreno debajo del brazo y mandan camiones directos al Portús.

    No pretendo ni de lejos, el discurso ecologista que ni es lo mío ni entiendo de ballenas varadas, pero sí de sentido común. Si no hay agua y nos empeñamos en el regadío, si no hay árboles y sí matorral bajo que dicen los expertos que libera oxígeno igual que el alto, y nos empeñamos en los árboles,  es que algo no estamos haciendo bien. Pero no tenemos suficiente aprendizaje y seguimos empeñados en perpetuarnos en todo lo que tocamos. Sin embargo como nuestra perpetuidad llega sólo hasta que nos morimos, nos da igual lo que proyectemos siempre que el fatal resultado no nos pille vivos y ese es el  problema, que si quien diseña el tinglado tuviera garantizados 1000 años de vida otro gallo cantaría, por eso el convencimiento de la reencarnación sería un buen negocio para librarnos de estos disparates y con cada acta de diputado o edil deberían entregar un seguro obligatorio de reencarnación para los siguientes 1000 años. Nuestro escaso recorrido genera un arco de media luna sobre nosotros que convertimos en infinito cuando  es un inapreciable parpadeo y sólo  porque todos los puntos del arco son equidistantes al centro, que somos nosotros y que no queremos dejar de ocuparlo, todo queda a un palmo de mí, de usted, del político de turno y de nuestro ilimitado ego y estupidez. Pero no se preocupen que la cosa da para más y   ahora tenemos servida la ocurrencia que convierte en inútiles los mensajes que nos envía el pasado y vamos a montar un plan de espigones de hormigón para ensanchar La Manga, como en Dubai, que una lengua de tierra con más de 20 km de longitud y unas docenas de metros de anchura, que deja unos 40 km de costa y playas, es una tasa insuficiente por bañista y el índice de clavadas de sombrilla en el dedo gordo del pie del vecino está dando al traste con los presupuestos de atención primaria en verano.  De esta nos coronamos seguro.

     

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