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Javier Pedreño

Javier Pedreño (Cartagena, 1962). ...

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Palabras, derribar la gran esquina y catar la verdadera realidad de la existencia.


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  • 09
    Marzo
    2016

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    Murcia Cartagena

    Machismo y feminismo

    Este idioma nuestro suele jugar malas pasadas cuando menos conviene porque el hecho de que machismo y feminismo sean dos palabras de género masculino, ya parece desafiante en su esencia con la que está cayendo.

    Estos días, con motivo del Día Internacional de la Mujer ha sido mucho lo que hemos podido escuchar, leer e incluso ver y manifestar al respecto. El otro día la presidenta de una asociación feminista reivindicaba lo propio y a la pregunta de la entrevistadora de si era necesario desnudarse en el Congreso, respondía que la mujer dispone de ese arma para reivindicar sus derechos y que no entendía por qué sólo por el hecho de usarla sin agredir a nadie, se les imputa un delito. En la misma entrevista instaba a las mujeres musulmanas a dejar de usar el velo e incluso dejar de practicar una religión que en sus palabras es denigrante para la mujer.

    Pensaba yo que si el feminismo legitima -según la presidenta de esta asociación- el desnudo reivindicativo de la mujer en el Congreso qué pasaría si un hombre le diera por reivindicar cualquier otra condición de modo parecido, en todo caso tambien aqui el castellano vuelve a jugarnosla porque si feminista tiene una connotación reivindico-positiva, lo de machista es un delito incluso etimológicamente.

    Algunas ciudades ya han puesto en marcha lo que llaman semáforo paritario, y es que en vez de salir un muñequito con pantalones, o desnudo, porque yo nunca supe si iba vestido y de qué sexo era, ahora genera intermitencias y dibuja una falda, que no se tampoco si una falda representa a la mayoría de las mujeres o estamos de nuevo encasillando lo inadministrable porque conozco mujeres que jamás vistieron una falda y no creo que se aclaren bien para cruzar esa línea, menos aún para cruzar la calle con monigote en falda que acabaría convirtiendo la cebra en cebro y dejándonos a todos un poco confundidos. Algunas veces me ha tocado contratar en mi vida laboral y los que me conocen saben que siempre prefiero a las mujeres en el trabajo y no entraré en detalles para que ningún hombre se enfade, sin embargo nunca he podido poner en una oferta de trabajo lo de ‘preferiblemente mujer’ porque hasta eso suena sexista y discriminatorio.

    Hemos conseguido forjar un modelo que aunque en las leyes se han generado los avances convenientes, la realidad  desacompasa el ritmo y la cadencia haciendo irrompible el techo de cristal y eso que a cabeza dura no hay quien nos gane o si no, miren para el Congreso.

    Si me hubieran dado a elegir hubiera sido mujer, sin duda,  pero en siglo XIX, al lado de Concepción Arenal, liberando a las mujeres del mismo modo que lo hacían los krausistas, otorgando educacion e instruccion, generando oficios con una lista en la que además de abogada, médica, farmacéutica o maestra,  incluía sacerdote, -no monja- y lo especificaba bien claro la primera feminista de España aunque a algunas feministas actuales les llame poderosamente la atención que todas las reivindicaciones las hiciera vestida y llegara tan lejos.

    Queda tanto por hacer en un tema tan serio, transversal y preocupante que malbaratar estos asuntos no debería estar permitido y aunque me consta que son muchas las mujeres que llevan toda su vida trabajando y conciliando su vida laboral, que han elegido sacar adelante sus hijos y su profesión simultáneamente con un esfuerzo titánico, sin renunciar a nada, y que no estando alineadas con las cuotas de paridad impuestas por decreto lo que de verdad no pueden soportar es lo de miss camiseta mojada cada verano.

     

     

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