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Javier Pedreño

Javier Pedreño (Cartagena, 1962). ...

Sobre este blog de Cartagena

Palabras, derribar la gran esquina y catar la verdadera realidad de la existencia.


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  • 09
    Noviembre
    2017

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    Murcia Cartagena Cataluña Independentismo Jordi Jordis soto del real

    La matraca

     

    Hay que ser preso de mucha confianza, buen carácter y perfectamente adiestrado en la acogida de los recién llegados para que te designen privilegiada compañía de un Jordi la noche del estreno.

    El asunto no debió acabar bien del todo y  la escena en directo tuvo que ser digna de minuto de oro en el Gran Hermano Vip de Soto del Real, me imagino: 'bona nit, soy Jordi, el independentista y estoy aquí por mis ideas, soy el primer preso político de los últimos 70 años y si quieres te firmo un autógrafo,' a lo que el otro debió contestarle: 'siento defraudarte pero soy más de Manolo el del Bombo, mi independencia llega de 11h a 12h en el patio y estoy aquí porque no me queda otra'. Seguido, el contrario lo mismo  argumentó que era del todo inocente -como casi todos los presos- que es víctima del Estado y de  una justicia politizada y que aunque el Auto diga que está ahí por impedir al equipo judicial hacer su trabajo, la realidad es otra bien distinta, que  está ahí sólo por pensar.

    El discurso tuvo que descender en barrena inframundo en modo Ministerio del Tiempo hasta los primeros años de Cervantes, que como todo el mundo sabe realmente nació en Palamós -confirmado- y en cuesta abajo imparable navegó el Ebro, ese río  que nace un pelin antes del Estany de Sant Maurici para decretar seguido que Colón, hijo de madre de Calella de Parafurgell y padre de Vilanova i la Geltrú salió del puerto de Sant Feliu de Guixols en dirección evidente hacia una América que ya hablaba catalán en la intimidad antes de 1492. 

    El disciplinado escuchante debió durar más o menos un par de horas cuerdo hasta que su mente empezó a generar microespasmos en lo profundo, preso del efecto soporífero de una recién revelada verdad que daba al traste con la buenas calificaciones que había obtenido en todas las clases de geografía e historia recibidas últimamente en prisión, para en un segundo independiente terminar asumiendo que todo había sido una farsa, que España efectivamente roba y que nuestros libros de texto son un auténtico juego malabar de estos políticos malvados, centralistas, constitucionalistas y sobre todo corruptos que ponen cien páginas donde sólo salen noventa cuando las vuelves a contar de Tarragona para arriba. Fue entonces que la figura de un caganer con cara de Chiquito de la Calzada le sobrevoló súbitamente, la vista empezó a nublarse y doblemente preso de un pensamiento único cayó extenuado al suelo de la celda. Cuando despertó, en un instante de lucidez, llamó al guardia para aplicando lo recién aprendido reclamar compensación para este estado de gratuidad y alegó que la matraca con el independentismo le suponía una doble condena y que o bien llegaban a un acuerdo de rebaja de pena, o que otro aguantara a este Jordi o a cualquier otro de discurso coincidente.

    Y no me digan que no les suena el efecto porque así andamos todos estas últimas semanas y a todas horas diagonalmente alineados con el pobre preso torturado aunque eso sí, ya bien convencidos de que no debemos dejar de comprar productos catalanes. Ahora sería providencial una campaña con vales descuento y cada tres ‘Al rojo vivo’ un 3x2 en el cava de Sant Sadurní d’Anoia y por un minuto sin pestañeo de  TV3 dos cajas de panellets. La diferencia real es que este mismo Jordi que puso a cien por hora al preso común hasta que no le quedó otra que pedir cambio de planeta, se aplicó seguido el derecho para hacer lo propio porque escucho a alguien decir ‘viva España’ a una distancia suficiente como para que su fina cadena de partidarios huesecillos auditivos transmitiera tan perniciosa información a su cerebro.

    Son las varas de medir, que son tan injustas como la igualdad para todos. Como no sale de Soto del Real  se está perdiendo esta nueva España plagada de banderas y sin complejos. Es lo que tiene estar hartos. Por eso esta semana no he querido tocar el asunto catalán.

     

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