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Javier Pedreño

Javier Pedreño (Cartagena, 1962). ...

Sobre este blog de Cartagena

Palabras, derribar la gran esquina y catar la verdadera realidad de la existencia.


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  • 21
    Septiembre
    2016

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    Murcia niños Cartagena Educación colegios estudiantes

    Esos locos bajitos

     

    Después de consumir su jornada habitual aún tendrán que añadir varias horas extras todos los días llevándose trabajo a casa, llegará la hora de cenar y apenas habrán terminado, también los fines de semana,  vacaciones, no hay forma de negarse, y aun con todo ese tiempo dedicado, la propia familia tendrá que ayudar para completar lo que hay que tener listo para el dia siguiente si no quieren tener problemas.

    Si no fuera porque apenas tienen 7, 10, 13 años y aún no se han organizado en sindicatos, ya habríamos detenido a sus jefes por explotación infantil.

    Estos días les hemos vuelto a ver a la hora en que vamos a nuestro trabajo de ocho horas, ellos al de once, nosotros con un dispositivo de unos gramos en el bolsillo al que le caben un millón de libros,  ellos con un caja de herramientas de papel que pesa doce kilos, nosotros en coche, ellos caminando, recibiremos dinero a cambio de nuestro trabajo, ellos bronca si no llegan al mínimo exigido, iremos al gimnasio después de la agotadora jornada, ellos a inglés, refuerzo, natación y flauta, cuando llegan a cierta edad ni siquiera tienen el arraigo de tener una zona de trabajo propia, les hacemos ir de aula en aula cargando sus chismes y es el profesor quien no se mueve de la suya, en ningún trabajo se permitiría que un trabajador tuviera catorce jefes directos, tantos como asignaturas y que cada uno le ordenara hacer horas extras para traer mañana acabado esto o aquello sin coordinación con el resto de co-jefes, bastaría con ir al encargado general y quejarse para que les echaran a todos, pero no contentos con esto, les ponemos el plan en el que tienen que trabajar, les vamos controlando y examinando para ver los resultados y al final de todo les decimos que nada de lo hecho les vale para nada si no vuelven a revalidar lo que nosotros mismos ya les auditamos. Es como si a usted o a mi hacienda nos dijera después de inspeccionarnos positivamente una declaración de la renta, que al año siguiente nos volverán a revisar lo mismo; pero ellos no tienen voz, no pueden quejarse más allá de pedir un nuevo juego para la play que compensaremos si sacan de notable en adelante. Nos cruzaremos mínimamente en el pasillo del dormitorio cuando estén a punto de ir a la cama y atrincherando el mando desde el salón  le diremos: ‘aprovecha ahora que no tienes obligaciones, verás cuando seas como papá o mamá.’

    Hemos sido capaces de ponernos de acuerdo para someterlos a esa tortura admitida, legislada, controlada y a estas alturas de la película y a la cola de Europa en calidad de la enseñanza, con abandono prematuro, resultados fatales, nos sigue pareciendo bien. Debe ser así porque lo mismo ganamos algo a cambio, se trata de dotarnos sistémicamente de un children-parking con ticket free de 8 a 20h que nos permita el tiempo necesario para llevar a casa el dinero que necesitamos y que ellos puedan tener todas esas actividades extraescolares pagadas y añadir en unos meses equitación o golf, que deben ser las que más molan y nosotros sentirnos así tan sacrificados por ellos.

    Naturalmente esto no es culpa de los educadores, tan víctimas del sistema como los propios chavales, que lo peor llega cuando les miramos fijamente y un convencimiento culpable nos invade sabiendo que ellos también saben cuál es el futuro que les espera si tienen mucha suerte, 700 euros por ocho o diez horas haciendo el trabajo por el que otros que cobran 2500 dejaron de hacer, que para eso les hemos formado con tres carreras y dos masters y el senior no tuvo ninguna. Se trata de esperar, mantenerse ahí y llegar a las pre-canas, si lo consiguen habrán cubierto la etapa, si no ya son niños  muertos.

     

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