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Javier Pedreño

Javier Pedreño (Cartagena, 1962). ...

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Palabras, derribar la gran esquina y catar la verdadera realidad de la existencia.


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  • 21
    Abril
    2016

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    Murcia Cartagena

    A nuestra imagen y semejanza

     

    Si hay algo que de verdad les pone a nuestros políticos es controlar al controlador, lo intentan siempre que pueden promulgando leyes que serán de cumplimiento para todos, la mayor parte de las veces sin la intervención y el asesoramiento técnico de quienes de verdad saben cómo funciona la cosa. Es lo que tiene el poder legislativo, que sin saber de casi nada, manda sobre casi todo. Ahora  dicen en la Asamblea Regional que van a regular por decreto el tiempo que deben durar los deberes de los chavales en casa, porque ellos ya saben que el mejor modo de controlar lo diverso es hacerlo semejante y todos iguales somos más fáciles. No está mal que alguna vez alguien se preocupe de resolver esta cadena viciada en la que hemos convertido el modelo escolar, los de mi generación no teníamos más deberes para casa que la yema de huevo con vino viejo antes de la puesta de sol, hora en la que había que volver a pasar revista para luego fugarnos de nuevo con el balón o la espada de madera y eso un vez consumida la jornada en el colegio de mañana y tarde. Como estábamos más tiempo en clase no necesitábamos hacer en casa otra cosa que jugar.

    El objetivo de ganar tiempo no ha dejado otra opción que acortar el lectivo de modo que los educadores dispongan de la tarde para los menesteres que consideren, y que algunos dicen dedicar 3 horas de la tarde a preparar las 5 horas de trabajo del día siguiente, y por otra parte buscar la manera de ocupar a los chavales, si no, a ver quien gestiona modelo familiar de padres hiper-empleados y dos hijos desocupados desde la hora de comer. Cuando los deberes son pocos encontramos -previo pago de su importe- oferta de actividades extraescolares para convertir al niño en músico, jinete, jugador de fútbol, virtuoso del tenis y dominio de cuatro idiomas y esto no es para elegir plato, es menú único. Sobrevivir a ese estado sólo puede ser posible si el chaval entra en modo off videojuego otro par de horas y se pierde entre mundos virtuales donde correr, saltar, caerse e incluso disparar, que sin muerte no se consiguen más vidas para seguir en la brecha.

    Al final el formato de adosado a  pagar en 40 años, 2 coches y moto por vivienda, vacaciones en crucero y el largo etcétera que todos conocemos y deseamos,  nos lleva a que no podamos hacer otra cosa en la vida que trabajar y trabajar hombres, mujeres y viceversa y para ello tampoco nos queda otra que adaptar a nuestra conveniencia el modelo de educación. Lo bueno de esto es que con tanta actividad escolar y extraescolar nos garantizamos unos magníficos resultados para nuestros chavales de modo que sean una copia exacta de nosotros mismos, que somos los que más horas estamos en el trabajo y los que menos producimos y ellos son los que más deberes tienen y los que peores resultados académicos consiguen de Europa, para así moldear a nuestra imagen y semejanza el futuro de nuestros hijos que probablemente no tendrán tanta suerte como nosotros, que en nuestra torpeza aún hemos conseguido sobrevivir a este modelo pervertido, seguramente por la fortaleza que el pan y chocolate otorgaba sin discusiones diabéticas de media tarde, ellos, incluso habiéndoles sometido a perder su infancia entre extraescolares, su adolescencia entre luchas de selectividades y su juventud entre 9,8 y 9,9 de nota en la carrera y todo ello por su bien, acabarán buscando el norte comprobando la fluidez de uno de sus cuatro idiomas, o como alternativa, con perro, flauta, mochila y bicicleta, sin  más tela que la que arde y disfrutando en libertad, desprendidos por decisión propia de lo que les adjudicamos con nuestra tiranía protectora.

    Entonces diremos que han fracasado cuando se apunten a las coletas o a las mareas.

     

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