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Blog La Errancia - Víctor Ramón

Víctor Ramón

Redactor freelance y colaborador los domingos con Deportes de La Opinión, en cuya edición digital trabajé de 2009 a 2012. También, entre otras ocupaciones, he sido profesor de Historia. Una vez escribí algo sobre Lope de Vega que nadie leyó y por despecho empecé a perpetrar blogs

Sobre este blog de Cultura

Confesión de naufragios, inventario de heterodoxias, apología del derroche, compendio de banalidades, orgía de comas. "La enloquecida fuerza del desaliento".


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  • 21
    Octubre
    2015

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    Por una canción

    Tengo una acentuada indiferencia musical que, por ejemplo, se traduce en que pueden pasar grandes periodos de tiempo sin que me ponga una canción en casa. Esto no implica que cuando estoy en un bar no me guste que haya música, o que no prefiera como todo el mundo un tipo a otro, ni tampoco comporta que de vez en cuando no descubra canciones que como buen obsesivo me guste escuchar un millón de veces seguidas, e incluso, ya desatado, puedo llegar a descolgarme perpetrando listas de reproducción en Youtube, cuya coherencia, eso sí, probablemente solo sea descifrable a la luz de la psiquiatría.

    También en momentos de tribulación puedo echar mano de algún 'Dignidad Mix' compuesto por los  ‘Resistiré’ o ‘Qué sabe nadie’ de turno, porque ya se sabe como dijo aquella folclórica que “contra las penas puñalás”. Pero pese a todo esto, lo cierto es musicalmente soy bastante átono, por no poner cosas peores, ya que si voy a conciertos o festivales a los primeros siempre suele ser por motivos espurios, y a los segundos con la mentalidad con la que va la tercera edad a las actuaciones gratuitas de las fiestas de los pueblos, es decir a lo que les echen, al bulto, al cogollo, de manera que, confieso, ha habido festivales en los que voluntariamente habré escuchado un par de canciones.

    Pero donde no ha llegado la pasión lo ha hecho la obsesión, de forma que he buscado denodadamente canciones desconocidas que me habían gustado, casi siempre con éxito, ya que lo hurtado a la indagación lo ha acabado brindando tarde o temprano el azar. A él me encomiendo para la última búsqueda ante la difícil pesquisa de una composición instrumental, escuchada en unas circunstancias muy particulares, en un momento que no tuvo por qué ser forzosamente bonito y ni tan siquiera agradable, pero con el que tuve la sensación de estar más vivo que nunca, en una época en la que uno comienza a tener esa viscosa impresión de que la vida se le está escapando entre los dedos.    

     

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