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Jonatan Molina

Jonatan Molina es psicólogo por la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), licenciado con mención honorífica "Alumno 5 estrellas". Se especializó en psicología clínica infantil y actualmente combina su labor en la clínica con proyectos de investigación y formación a padres y centros educativos.

Sobre este blog de Salud

El blog de psicología de Jonatan Molina Torres


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  • 10
    Mayo
    2016

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    ¿Los niños son buenos por naturaleza?

    ¿Los niños son buenos por naturaleza?

    La mayoría de las quejas que los papás tienen de sus hijos vienen, principalmente, por el comportamiento. Esa suele ser la demanda más frecuente en los centros de psicología infantil, probablemente porque los problemas de conducta son los más disruptivos y molestos para aquellos que rodean al niño. La permanencia en el tiempo de estos problemas de comportamiento y el aumento de su frecuencia e intensidad puede dar lugar al Trastorno Negativista Desafiante (TND) y, en último término, en un Trastorno de la Conducta (TC)

    Entran muchas variables en juego a la hora de explicar por qué un niño ha desarrollado este tipo de comportamientos, pero dos elementos son esenciales en la génesis de cualquier tipo de problema psicológico: la genética y el ambiente. Determinados genes pueden predisponer al niño a unos rasgos de personalidad (impulsividad, búsqueda de sensaciones, baja tolerancia a la frustración, etc.) que faciliten el desarrollo de estos problemas, siempre y cuando su contexto más próximo permita que estos genes se hagan visibles. Hay una frase en el ámbito de la psicología que resume claramente este hecho: "la genética apunta, pero el ambiente dispara". ¿Pero cuánto peso tiene cada factor en el desarrollo de conductas problemáticas? ¿Todo lo que uno va a ser en la vida viene escrito en los genes o el niño es bueno por naturaleza y es el ambiente el que lo moldea?

    ¿SON LOS NIÑOS BUENOS POR NATURALEZA?

    Una de las grandes aportaciones que la ciencia realiza a la sociedad es que nos aporta verdades contrastadas de manera empírica y fiable. En este caso, la psicología ha buscado respuesta a la cuestión de si el niño nace "programado" para ser bueno, o si por el contrario es algo que se aprende (o no) a lo largo de la vida. 

    1. Los niños tienden a la prosocialidad: Es decir, prefieren la ayuda antes que comportamientos negativos. Lo demostraron en 2007 Hamlin y su equipo mediante un sencillo experimento. Pusieron a bebés de 6-10 meses observando un vídeo en el que se podía ver a una figura geométrica subiendo por una rampa. Al principio se veía cómo otra figura aparecía y entorpecía a la primera, de tal manera que le impedía subir, y en otro vídeo posterior veían cómo una figura ayudaba a la primera a llegar al final de la rampa. Al acabar el visionado del vídeo, dieron a elegir a los niños las diferentes figuras para jugar. ¿Adivináis qué figuras fueron las más elegidas por los bebés? Efectivamente, eligieron mayoritariamente la figura que prestaba ayuda. En este vídeo podréis ver más claramente el desarrollo del estudio:

    2. Los niños son morales: Con niños de 2 años y medio de edad aproximadamente, Smetana (1983) y años más tarde Turiel (1998) pretendían observar si los niños tienen sentido moral. Para ello, se plantearon si obedecerían a un profesor si éste les pidiese 1) que pegaran a otros alumnos, que no pasa nada 2) que fueran en pijama a clase, que no pasa nada. El diseño del estudio era una manera de ver si lo que se impone en un niño es la moral universal (pegar a otro niño es malo) o las convenciones sociales (ir en pijama a clase es malo). Los niños que intervinieron en este estudio respondieron mayoritariamente "NO" a la agresión y "SÍ" al pijama aun sabiendo que no tendrían una consecuencia negativa por ello.

    3. Los niños tienen tendencia a ayudar: Fehr y su equipo diseñaron en 2008 tres juegos de reparto de caramelos en los que cada niño podía elegir entre dos opciones:

    -Juego de la ayuda: 1 caramelo yo/1 caramelo tú vs. 1 caramelo yo/0 caramelos tú

    -Juego de la envidia: 1 caramelo yo/1 caramelo tú vs. 1 caramelo yo/ 2 caramelos tú

    -Juego de compartir: 1 caramelo yo/1 caramelo tú vs. 2 caramelos yo/0 caramelos tú

    En el primer juego, el niño puede elegir entre conseguir un caramelo y el otro niño ninguno o ayudarle consiguiendo para él también un caramelo. En el segundo, el niño siempre obtiene un caramelo pero puede elegir si su compañero obtiene uno o dos. En el tercero, las opciones pasan por quedarse él ambos caramelos o repartirlos entre su compañero y él. Se realizaron estos juegos en niños de diferentes edades y los resultados fueron curiosos: las conductas de ayuda aumentan con la edad en los tres juegos planteados. En edades tempranas (3-4 años) la conducta de ayuda es mayoritaria, aunque en los demás juegos no se percibe seguramente por la falta de entendimiento de los niños. Cuando éstos son capaces de manejar información abstracta, prefieren elecciones que beneficien al máximo a ambos que opciones que beneficien a uno mismo únicamente.

    ¿Los niños son buenos por naturaleza?

    Estas conductas positivas parecen grabadas en nuestro cerebro desde el momento en el que nacemos. Probablemente sea una herencia filogenética de nuestros ancestros, que descubrieron los beneficios que tenía el actuar bien con los demás para la supervivencia. Estos hallazgos, lejos de "demonizar" la labor de los padres o el impacto de la sociedad en el ser humano, revela la capacidad casi intuitiva de todos los niños de actuar prosocialmente, lo que supone un punto de inflexión a la hora de entender por qué el niño se comporta como lo hace y sobre todo para saber que es posible la reeducación de estos comportamientos. Sin embargo, también es cierto que de estos resultados podemos inferir que la importancia del ambiente es más importante de lo que se cree, sobre todo en el momento actual donde prima la genética. Es una buena oportunidad para desterrar la idea de que "es que el niño ha nacido así" y confiar cada vez más en técnicas de entrenamiento en habilidades parentales para padres, que han demostrado su efectividad para mejorar la vida de niños con problemas de conducta. Esta frase de Janet Richards debe servirnos para concienciarnos de la importancia de lo que el niño aprende durante su infancia, pues muchas veces lo llevará a cuestas el resto de su vida.

     

     

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