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  • 17
    Octubre
    2014

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    Novela picaresca a la hollywoodiense

    Por VICENT IVARS

    Título: «Los caballeros las prefieren rubias» y «Pero se casan con las morenas»

    Autora: Anita Loos

    Año: 2014

    Genero: Humor

    Editorial: Alba Editorial

    Páginas: 328

     

    Existe una fea propensión a tratar el género de la comedia como una cuestión banal, superficial. Algo que practicamos como un placer culpable o un pecado venial. Como que, vaya, un momento de debilidad lo tiene cualquiera.

    Y sin embargo, aquellas situaciones de nuestra vida que con mayor placer recordamos, están envueltas entre risas o sonrisas que nos despierta el humor –ese juego de complicidades entre las personas, que trasciende más allá de lo evidente–.

    Y quien dice entre personas, dice entre libros –libros y personas no dejan de ser padres e hijos, los unos de los otros y viceversa–. Y la novela que nos trae hoy aquí constituye un buen ejemplo de ello.

    «Los caballeros las prefieren rubias» es uno de los títulos cinematográficos más célebres de los años dorados de Hollywood. Tan célebre que casi se ha convertido en una frase hecha, en un dicho popular. Sin embargo, como ocurre en este mundo tan audiovisual, es menos conocido, menos popular, que la cinta constituye una versión, un remake, una adaptación de la exitosa novela que escribió en 1925 Anita Loos, a la sazón guionista de los estudios californianos. Una novela que tuvo su secuela: «Pero se casan con las morenas». Ahora, ambas se nos ofrecen, conjuntamente encuadernadas, en una edición de Alba Editorial.

    Puestos a especular, podríamos jugar con la posibilidad de que en aquellas tierras de California, evangelizadas en su día por religiosos españoles, se hubiese predicado también la palabra de un género no menos español: el de la novela picaresca. Porque mucho tienen de ello «Los caballeros las prefieren rubias» y «Pero se casan con las morenas».

    La obra –las obras– abordan el arribismo social que practican dos pícaras –en todos los sentidos del término– jovencitas, tan bellas como frívolas, tan frívolas como cínicas, tan cínicas como egoístas. Relata las peripecias de Lorelei y Dorothy, una rubia y una morena –mismamente como las acompañantes de un Don Hilarión en una obra que provoca la hilaridad– que utilizan sus limitados recursos personales para exprimir a los caballeros de sus acaudalados recursos económicos.

    La narración –realizada en primera persona por Lorelei– constituye todo un despliegue de talento por parte de la autora, Anita Loos. Aquello que no son más que simplezas e ignorancia por boca de la protagonista, se convierten, en la pluma de la novelista, en un despliegue de sencillez, talento y ritmo.

    En añadidura, la historia va mucho más allá de la –dicen– superficial vida de Hollywood. A fin de dejar en evidencia la limitada visión del mundo que tiene las protagonistas –¿acaso también la del –dicen– ciudadano medio estadounidense?– Loos pasea a ambas mozas, acompañadas del incauto galanzuelo de turno, por una delirante tournée por Europa.

    En su prólogo, la autora relata cómo esta obra nació de su observación de cómo los hombres acostumbraban a deshacerse en atenciones para con las rubias despampanantes, dejando en ella casi una sensación de invisibilidad. La novela, por tanto, constituye una sátira feroz contra esta forma banal de desenvolverse de estas mujeres. Casi en algunos momentos cabría pensar si no lee, entre líneas algún tipo de misoginia. Tanto es así, que más allá de la censura McCarthysta en los platós de la época, cabría pensarse si este libro podría escribirse y publicarse ahora en esta España de la corrección política.

    Sin embargo, ya que andamos en honduras genéricas –de género– más bien habría que preguntarse si Loos no plantea tanto que las rubias –así, generalizando– son tontas, como que los hombres son imbéciles. Porque de ello parece tratar también la novela, de cabo a rabo: de tipos que pierden el oremus y sus fortunas con dos caídas de pestañas. Y no cabría decir de una apertura de piernas porque en estas páginas no aparece, que yo recuerde ahora, ninguna alusión a coyundas. Es decir, que los caballeros aqui presentados serían unos pagafantas en grado superlativo.

    La segunda novela es un spinoff, donde la narradora narra las peripecias vitales de Dorothy, quien en el primer título es la fiel escudera. Una Sancha Panza igualmente frívola, pero más despendolada, lenguaraz y menos sofisticada.

    En resumen: una joya. Y un vicio no sólo confesable sino plenamente recomendable. 

     

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