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Blog Exploralmas - Susana R. Sousa

Susana R. Sousa

Mitad persona mitad animal, quizás un pez (por lo de piscis) pero no sirena (muy aburrido). Experta en perder el tiempo. Lo que más me pone: los atlas de geografía. Lo que menos: las injusticias. Me fastidian las gotitas líquidas de colores que chorrean cuando comes fruta, pero me encantan las fresa...

Sobre este blog de Sociedad

"Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres. Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días...


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  • 11
    Mayo
    2014

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    Vota a gusto, vota contento, pero vota dentro

    'La definición de dónde están los límites del ejercicio de nuestros derechos más básicos, fundamentales y legítimos no nos puede venir dada. Los ciudadanos y ciudadanas tenemos que ser parte activa de la definición de los mismos, mediante la inteligencia colectiva y nuestros propios actos' .
    Sobre el derecho fundamental de reunión. Comisión Legal Sol. 27 abril

    Tranquilos, no voy a marcarme un sermón sobre las últimas reflexiones que las distintas organizaciones ciudadanas han planteado sobre el derecho de reunión, aunque debería, porque hasta el día de hoy no tenemos muchas expectativas de que esto vaya a cambiar y eso nos afecta a todos. Incluídos los que solo se reúnen para ¿hablar? de fútbol. Quizás por eso estamos llegando al límite de nuestro aguante y nuestras fuerzas y quizás por eso tantas personas (que no gente) se quita la vida ante situaciones desesperadas. ¿Es que hay una epidemia de suicidas? ¿Es la última moda que viene de Nueva York? No, me huele que se trata de una negligencia pura y dura del Gobierno en curso, con la ayuda inestimable de los antecesores y actuales opositores y de toda la plana mayor de oligarcas del reino, pero nos matan a eufemismos.

    Como no veo TV, ignoro si en los medios informativos de la caja hablan del aumento del número de suicidios de un par de años para acá, tampoco sé si a algún directivo de alguna cadena de TV se le ha ocurrido dejar de gastar dinero en debates estúpidos y empezar a trabajar de verdad por una sociedad mejor, pero me temo que no. Por lo que veo y escucho en mi día a día, parece que las cosas por allí dentro siguen más o menos igual que cuando salí, a pesar de la verborrea roja de Wyoming y el escozor que provocan ciertos programas de Évole. Hace unos años, al principio del fin del mundo, quiero decir, al principio de toda esta barbarie que vivimos ahora, Wyoming y Évole me parecieron un soplo de aire fresco. Pensé, ilusa de mi, que su aparición en los medios de masas serviría para avivar la conciencia colectiva y, por extensión, la revolución. Sin embargo, a día de hoy se han convertido (o los hemos convertido) en un bálsamo. Sus incisivas críticas a la realidad social son una copla más que comentar en la oficina, como el partido de fútbol o la muerte del famoso de turno.

    Siento decir que si este fuera otro país con otro tipo de ciudadanos, no estaríamos como estamos y de estarlo ya habríamos reaccionado en masa contra la chusma que nos gobierna (que no son solo los políticos, como bien sabemos todos), en lugar de embotar las autovías y los chiringuitos en cuanto pega el sol. Pero no lo somos, así que el orgullo español, tan exportable y exportado en tiempos, ha pasado a dar mucha vergüenza y solo se me ocurre ocultarlo y sufrirlo cual hemorroides.

    Para muestra un botón: las Elecciones al Parlamento Europeo. He escuchado de todo y casi todo malo, lo último son varios votos a Arias Cañete y otros cuantos a UPyD. A ver, que no quiero meterme con el voto de nadie (bueno, sí quiero, pero no debo) pero es que me da la sensación de que no hemos aprendido nada y entonces tengo que darle la razón a Platón cuando decía aquello de que la democracia es la peor forma de gobierno. Porque el pueblo tiene que tener el poder de decidir, pero para decidir hay que tener un poquito de interés y no ser un ceporro. Esto significa votar con un poquito de miras al futuro y dejando las vísceras en casa, porque sino, como buenos españoles de cepa, volveremos a equivocarnos. Hay que informarse de los programas y de la trayectoria de los candidatos y no quedarse en lo bien teñido que está o lo bien que habla. Es de perogruyo, pero si no lo digo reviento.

    Necesitamos gestores que se preocupen por la sostenibilidad del planeta y por los servicios públicos, gestores que vayan al Parlamento en metro, por ejemplo, que conozcan la problemática del país que representan, por ejemplo, que hablen inglés, por ejemplo, o que al menos hablen un español audible. Necesitamos gestores que nos representen y nos defiendan, en lugar de machacarnos en las calles, gestores que promuevan la investigación científica, gestores, en definitiva, que no se limpien el culo con nuestro voto. Porque hay que votar, claro, pero si votamos a un rufián (y si nos informamos un poquito sabemos quién lo es y quien no) seguiremos en el fango, como buenos españoles.
     

     

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