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Blog Exploralmas - Susana R. Sousa

Susana R. Sousa

Mitad persona mitad animal, quizás un pez (por lo de piscis) pero no sirena (muy aburrido). Experta en perder el tiempo. Lo que más me pone: los atlas de geografía. Lo que menos: las injusticias. Me fastidian las gotitas líquidas de colores que chorrean cuando comes fruta, pero me encantan las fresa...

Sobre este blog de Sociedad

"Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres. Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días...


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  • 28
    Abril
    2014

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    Murcia en la mochila

    Para adentrarme un poco más en el universo murciano y entender algo mejor esta región en particular y este país en general, decidí aceptar la invitación de una autóctona y asistir al célebre Entierro de la Sardina. Más antiguo que la luz eléctrica (se remonta al siglo XIX, concretamente al año 1851) y con más convocatoria que un partido de fútbol (que ya es mucho decir), el Entierro es el broche final de las Fiestas de la Primavera.

    Para los que aún no lo sepan, se llama entierro pero se trata, en realidad, de una gran quema que se realiza junto al Puente Viejo tras el grandioso desfile de más de tres horas en el que murcianos, murcianas y gentes de fuera disfrutan de todo menos del silencio y la oración. No en vano es una fiesta terriblemente pagana, con chicas desnudas sobre carrozas que representan jóvenes en actitudes libidinosas, seductores demonios y faunos y, por supuesto, las diosas y dioses de la mitología griega, que todos sabemos la fama de lascivos que tienen. Para ellos este desfile se convierte en algo más que un simple paseo por las calles de Murcia. Se muestran, orgullosos, con todo el poder y la belleza que se otorgaron sin darse cuenta, los pobres, que la mayor parte de los mortales lo que miran con deseo son los juguetes que portan las carrozas.

    Y a por ellos se lanzan como si del fuego purificador se tratase, en una lucha encarnizada que lastima rodillas, tuerce muñecas y rompe narices. Un rito que se ha convertido en la parte más divertida de toda la liturgia, aunque sea también la más peligrosa. Pero es que los murcianos son así y la ONU aquí no pinta nada.

    El Entierro ha sido declarado de Interés Turístico Internacional en 2006. Esto significa que los franceses han dejado  de mantener en secreto que se han pegado en la calle por un balón de un euro. Su paso por Murcia ahora les enorgullece y lo proclaman a los cuatro vientos cuando vuelven a la tierra de Jean Valjean.

    No siempre fue así, pues parece que todo empezó con un grupo de estudiantes murcianos que al volver de Madrid quisieron imitar las Mascaradas que habían visto, y además, reírse un poquito de los campesinos. Con el paso de los años se fueron uniendo a la Mascarada personajes mitológicos, carrozas, bandas de música  y charangas que dieron lugar al desfile que podemos ver hoy y que, una vez institucionalizado, le gusta hasta los franceses.

    No solo estamos ante el triunfo de la carne sobre el espíritu de la Cuaresma, también nos acosa la alegría de las calles, los sardineros y comparsas que nos regalan sonrisas y piruletas, esos paparajotes y esa morcillica de las barracas que nada tiene que envidiar a la de Burgos. Todo es “fiesta, fiesta, fiesta” como dice el hermano retrasado de la pelirroja tímida de Love Actually y una se divierte mucho aunque siga sin entender ni a esta región ni a este país.
     

     

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