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Blog Exploralmas - Susana R. Sousa

Susana R. Sousa

Mitad persona mitad animal, quizás un pez (por lo de piscis) pero no sirena (muy aburrido). Experta en perder el tiempo. Lo que más me pone: los atlas de geografía. Lo que menos: las injusticias. Me fastidian las gotitas líquidas de colores que chorrean cuando comes fruta, pero me encantan las fresa...

Sobre este blog de Sociedad

"Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres. Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días...


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  • 03
    Febrero
    2014

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    El fin del mundo

    Es difícil sentarse a escribir sobre el aborto cuando te bombardean imágenes sobre las últimas manifestaciones homófobas de París y Madrid. Aunque, mirándolo bien, todo está relacionado y a lo peor estas imágenes me sirven para abordar (y bordar) mi alegato a favor del aborto libre, seguro y gratuito (los pobres siempre con el “gratis” en la boca, ay que ver cómo somos).


    La verdad es que en Madrid no me pillan por sorpresa estas expresiones de amor a lo arcaico, no en vano acogemos en nuestro seno al honorable Rouco Varela, adalid de la familia tradicional sin necesidad de dar ejemplo de ello en su vida cotidiana. Pero porqué habría de hacerlo si es cardenalísimo y tiene permiso divino para usar la ley del embudo: “lo ancho pa mi y lo estrecho pa ti” y la de la curia eclesiástica: “haz lo que digo, pero no lo que hago”. Sin embargo, lo de París no me lo esperaba y me ha dejao muerta ¿dónde quedó mayo del 68? Toda la vida queriendo ser francesa y ahora me vienen con estas. 500.000 personas humanas, según los organizadores, con sus manos, sus pies y sus ganas de cagar saliendo a la calle a gritar, rosario en mano, que los homosexuales no pueden adoptar hijos porque son unos enfermos y que su amor no sirve para formar una familia ni un matrimonio ni nada. Francia. Le Pen. Qué será de nosotros cuándo hayamos muerto.
     

    Es decir, a ver si lo entendemos todos, no es que estas manifestaciones reivindiquen la familia “natural”, como aciertan en llamarla, y se queden ahí, con sus cánticos y sus patuquitos al viento. No. Tal cosa sería digna de personas y no de zopencos y estaría incluso bien hasta el punto de que todos podríamos manifestarnos juntos como buenos hermanos. Yo, sin ir más lejos, podría ir a una marcha por la familia tradicional sin ruborizarme ante mis amigos perroflautas, es más, todos los perroflautas podríamos ir. El problema es que estas marchas se usan para atacar a otros tipos de familia, en concreto a la que está formada por homosexuales y eso ya nos echa un poco para atrás. Es que queda feo cargar a los demás con los prejuicios de uno y además ¿qué tiene que ver el culo con las témporas? Es decir ¿por qué defender una filosofía de vida atacando otra que ni te va ni te viene? ¿O es que te va?
     

    La verdad es que no hay dios que lo entienda, pero me han explicado que los tradicionales se consideran atacados por los homosexuales cuando éstos reivindican sus derechos, porque creen que con el matrimonio homosexual se acabará el mundo. O bien porque dejarán de nacer niños, o porque Dios se cabreará mucho, mucho y enviará otras siete plagas como las de Egipto. Porque Dios ya lo dijo en la Biblia: “Nada de homosexuales que os mando las siete plagas”. Podría parecer un chiste o un trabalenguas, pero es solo falta de riego. Lo vemos con un ejemplo: si yo soy lesbiana no puedo estar con otra mujer, tener un hijo y formar una familia, y si llegara a poder hacerlo no puedo llamarlo familia, puedo llamarlo, no sé, “lagarterana”, “cachalote” , “pituitaria”. En cualquier caso, y lo llame como lo llame, no puedo acceder a los derechos civiles que tendría si me casara por la iglesia con un hombre y tuviera un hijo con él. O mejor diez. ¿Por qué? Porque una panda de rezagados mentales se ha reunido para determinar cómo debo vivir mi vida y qué derechos debo tener según mi tendencia sexual. Es como si 500.000 personas humanas, según los organizadores, con sus manos, sus pies y sus ganas de cagar se metieran en tu alcoba para decirte con quién debes follar (lo siento, no hay sinónimos), cuántos hijos tienes que tener y a qué colegio los tienes que llevar.
     

    ¿Un poco fuerte no?
     

    Particularmente no le digo a nadie que no crea en Dios, que no vaya a la iglesia, que aborte o que lea libros de Kant en lugar de tanto panfleto del Opus Dei, así que no veo porqué tienen que amenazarme a mi con el tipo de familia que debo formar. Y sí, el mundo retrógrado que conocemos va a terminarse por culpa de los matrimonios homosexuales, ¡alabado sea Dios!
     

     

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