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Blog Exploralmas - Susana R. Sousa

Susana R. Sousa

Mitad persona mitad animal, quizás un pez (por lo de piscis) pero no sirena (muy aburrido). Experta en perder el tiempo. Lo que más me pone: los atlas de geografía. Lo que menos: las injusticias. Me fastidian las gotitas líquidas de colores que chorrean cuando comes fruta, pero me encantan las fresa...

Sobre este blog de Sociedad

"Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres. Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días...


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  • 31
    Mayo
    2014

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    Amor

    Por Batania Neorrabioso me enteré de que Federico García Lorca solía pasar dos meses al año en un pueblo llamado “Asquerosa”, actual Valderrubio de Granada, y que Alberti, entre bromas, le llamaba “asqueroso”. También me enteré de que perdía mucho el tiempo en Madrid con gente estúpida a pesar de ser una persona excepcional dotada de un temperamento poético colosal. Hay muchas cosas que uno cree saber de Lorca, pero en cualquier momento puede llegar alguien y sorprenderte con algo nuevo. Y eso, en los tiempos que corren, es más que un mérito y debe ser contado. Batania es un lugar, al igual que Lorca, un poeta a caballo que domina el lenguaje sencillo y excelso con la misma facilidad con que se introduce en el fango para coger las azucenas. En el corto recital que ofreció ayer en Masquepalabras volvió a demostrar que creerse poeta no es serlo y que la cultura es para todos o no es. Lo hizo sin lanzar ninguna proclama política, pero dejando claro su bando en esta guerra con su poesía y la pintada de su camiseta: “Señor Presidente TENGO HAMBRE”.

    Porque lo de que estamos en guerra lo tenemos claro, ¿verdad?

    Pablo Iglesias no es poeta y muchos otros antes que él movieron los cimientos de esta España casposa y mal avenida que sobrevive entre programas de cocina, sonido de trompetas y frases de Tamara Falcó (“El espíritu santo me acompaña siempre, hasta cuando compro ropa”). A pesar de ello, de no ser poeta y de no ser el primero que mueve los cimientos, está provocando más revuelo que Berlusconi en sus mejores tiempos, aunque por distintos motivos (ya estoy viendo en las redes sociales comparaciones con Il cavaliere, je). Le han llamado de todo menos bonito y le han acusado hasta de ser la reencarnación de Adolf Hitler, algo que no tiene ni puñetera gracia ni viene a cuento, pero que ahí está. Tampoco las cucarachas con alas vienen mucho a cuento y ahí están. El caso es que Pablo Iglesias lo está llevando bastante bien porque no se acaba de caer de una poltrona ni ha vivido en una burbuja hasta hoy. Eso también se lo agradecemos. La cosa es que yo no le voy a insultar, y no solo porque he votado a Podemos sino porque, de momento, no ha hecho nada que merezca ningún insulto o crítica despiadada por mi parte. Si en algún momento incumple su programa o se le acusa de prevaricación, cohecho o de acostarse con una menor en una fiesta de conejitas Playboy, tendrá toda mi bulla, pero a día de hoy nada de esto ha ocurrido. Y, sinceramente, que lleve coleta o compre en Alcampo solo puede molestarle a un retrasado mental apoltronado con miedo a perder sus privilegios. Y hay tantos de esos en este país.

    La Sexta le ha vetado a pesar de llevar meses debatiendo con Maruhenda sobre política social (bueno, Maruhenda en realidad hablaban de otra cosa que no sé muy bien cómo definirla), pero entiendo que no es ninguna conspiración contra la izquierda, sino que se trata de una causa de fuerza mayor. A ver ¿qué eurodiputado tiene tiempo de ir a la TV a contar lo que pasa en la UE? Ninguno, je, y teniendo en cuenta que Pablo contaría la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, con más razón. Su megáfono seremos los ciudadanos, a ver si entre todos PODEMOS de verdad.

    En fin, confieso que yo soy más de Monedero, que ha introducido la palabra “amor” en sus discursos, y de Batania, pero Pablo Iglesias tampoco está mal y es bonito que, por fin, el miedo y la ilusión hayan cambiado de bando.
     

     

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