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MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 10
    Julio
    2014

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    UNA BUENA IDEA

     Por uno de mis "Chispazos" recientes en este periódico, tuve cantidubi de enhorabuenas y congratulations por la buena idea. La idea que exponía era a consecuencia de la actualísima diatriba entre monarquía y república, y decia que, puesto que a un heredero de la corona se le prepara durante toda su vida para desempeñar su cargo, porqué a un primer ministro, o presidente de gobierno, o diputado, o consejero o alcalde, no se le prepara para ejercer un servicio público del cual vive opíparamente, donde se le inculque capacidad, equidad y honradez, sobretodo honradez, óiga usted...

    Pues nada... que gustó la idea. Yo decía que habría que instituir una universidad, un instituto, un algo, que formara al político, y que le inculcara los conocimientos que no tiene, los valores que ha olvidado o no ha conocido en su vida, la ética que... bueno, dejémoslo. Es que resulta demencial, por ejemplo, que un embajador, que ha tenido que estudiar un carrerón de la hostitú, luego le mande un burro como Bush, o como Berlusconi, por no acudir a la cuadra propia.

    Y aquí estamos en el resbaladizo tema de los políticos y los técnicos, de los que mandan y de los mandaos. ¿Qué criterio debe imponerse en según qué casos?.. Pues como las normas y las leyes las marcan los políticos, pues ya se sabe: cuando conviene se les ordena, y cuando vienen mal dadas se usan de escudos. Sobran ejemplos en ayuntamientos, comunidades, estado... Si un funcionario que funciona - haberlos háylos, no crean - dice que noni a las pretensiones de su jefe político, lo más seguro es que lo mande a galeras en la próxima leva. Y su luego sale la marrana mal capá, pues con decir que él se limita a seguir lo que sus técnicos firman, pues listo el bote, Pepote... ¿A que les suena el cuento?.. Sí, es muy común, muy, muy común.

    Habría, claro, que desarrollar un código ético de cágate lorito, y establecer unos límites y funciones a respetar rigurosamente so pena de cese inminente. Y enseñarlo, y obligarlo a usarlo. Pero esas enseñanzas no se aprenden en un partido político, si no la triquiñuela contraria. Debería ser un órgano suprapolítico quien impusiese unas reglas del juego inviolables, pues no se puede dejar eso en manos de los tahures, ni poner a las zorras a guardar gallinas.

    Pero sí, es cierto que en estos tiempos que corren es cuando hacen tilín todas esas paridicas soltadas a vuelapluma: Una escuela para políticos. ¡Guay!, ¡qué buena idea!.. Possí... nos hace mucha falta, pues nada más que nos llegan golfos, mangantes, inútiles, prepotentes y prepotontos. Como moscas a un panal de rica miel... Éstos tendrían que repetir curso ad eternum, pero bueno, algo aprovechable saldría de ahí, ¿no..?

     

     

     

     

     

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