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Blog EL MIRADOR - MIGUEL GALINDO SANCHEZ

MIGUEL GALINDO SANCHEZ

Miembro de la Asociación Hispanoamericana de las Letras (Hispadel). Promotor de talleres de escritura creativa. Corrector ortográfico y de estilo. Columnista de La Opinión desde hace 30 años, tiene publicados tres libros temáticos: Desde El Mirador, Opinan(dos) y Crónicas del Vivir, siendo coautor d...

Sobre este blog de Sociedad

Sobre todo lo divino y humano. La temática abierta es la clave de los artículos que se vierten aquí. Toda mi participación en el periódico La Opinión, queda reflejada en este blog, aparte mi web personal www.elescribidor.net


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  • 22
    Diciembre
    2014

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    UN CASO REAL -entre muchos-

     Como saben, todos los días salgo un rato a andar, a ver si así consigo alargar un poco mi fecha de caducidad, o, al menos, llego a ella sin dar demasiado el coñazo a los demás y a mí mismo...

    El otro día, de regreso al centro urbano de mi pueblo, me percato de un hombre sentado en el arcén, encorvado sobre sí mismo, al borde de la carretera. Al llegar a su altura, me doy cuenta de ciertas convulsiones, y ví que estaba llorando. Jóven, 30/40 años, rumano... 

    ...Me cuenta su historia: Había dejado a su mujer y dos hijos en Castellón, con unos familiares, y había venido aquí, porque le habían dicho que siempre había trabajo, y podía ganarse algún jornal con que mantener a su gente. Pero no era así. Ahora, ya no. Lo habían desengañado en todas partes... (vuelve a asaltarme la imágen decadente de Detroit)... Lo único que deseaba en este momento era volver junto a los suyos, pero no había conseguido reunir el costo del billete. Había pasado la noche anterior en la calle, y le asustaba tener que pasar otra...

    Lo encomendé al Hogar del Transeunte, informándole que se necesitaba documentación... La tenía - me la mostró - "pero ya no está en servicio, según me ha dicho el cura", me informa.- Pero, Cáritas... intento darle un nombre para que vaya de mi parte. "Sí, allí me han dado un par de mantas para la noche y un poco de comida para el día, pero no pueden hacer otra cosa...". Le pregunto entonces si ha ido a los Servicios Sociales municipales. Ya he estado en lo del Ayuntamiento, me contesta, pero me han enviado para Cáritas porque dicen que esto no es cosa suya... He ido hasta a la Policía, porque alguien me había dicho que ellos facilitaban un billete de tren con que seguir camino... ¿Y..?, inquiero... Pues, solloza, me dicen que no, que pida por la calle y junte el dinero...

    Me quedo espantado. Ha desaparecido todo vestigio del servicio que se prestaba en estos casos hace veinte o treinta años, cuando unos cuantos tontilusos con unos políticos bienintencionados nos propusimos, no cambiar el mundo, pero sí al menos nuestro solar... ¡¡¡ si seré gilipollas !!!. Hasta llegué a creérmelo. Entonces logramos erradicar la mendicidad de las calles, dar solución a los problemas más urgentes, ayudar al transeunte en su necesidad más perentoria, incluso buscarles trabajo... Pero no, ya no queda nada de aquello. Nada...

    Hace un cuarto de siglo, con menos ínfulas que mantener e ínsulas de las que enorgullecerse, con muchas menos recaudaciones que contabilizar, a pesar de la crisis, y con bastantes menos y menores sueldos que repostar, claro, se les daba una cobertura humanitaria a estas personas de auténtico privilegio y dignidad, comparado con el desamparo de hoy... Incluso el municipio aconsejaba a los vecinos que no dieran limosna y que los derivaran a Cáritas, Ayuntamiento o Policía, entre los que se desarrollaba una estructura básica de lo más necesario: comida, techo, trabajo, o billete con que seguir el camino...

    Cuando salgo a andar, solo llevo encima la ropa, así que me dieron ganas, muchas ganas, de volver sobre mis pasos a la ermita cercana, reventar el cepillo y sacar para el billete de este pobre desgraciado. Estoy seguro, muy seguro, segurísimo, que la Virgen me hubiera sonreído, y hubiera aprobado mi acción... creo que, incluso, agradecida por ello. Muy a punto estuve. Pero no, al final encontré otra solución más... ¿normal?.. Digamos que convencional, porque lo normal quizá hubiera sido el primer pensamiento.. Permítanme guardarla y no decirla. Pero es una triste pena, una auténtica vergüenza, un sangrante despropósito, una patética realidad, un irónico fariseísmo... haber renunciado a tanto para haber ganado tan poco...

     

     

     

     

     

     

     

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